"Si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra Independencia, de nuestra integridad y de nuestro honor, es porque más no hemos podido" - JUAN MANUEL DE ROSAS

viernes, 17 de julio de 2009

Rosas y los Derechos Existenciales

¿RESPETÓ ROSAS LOS DERECHOS EXISTENCIALES?
por Sandro Olaza Pallero


“Las circunstancias
durante los años de mi administración
fueron siempre extraordinarias,
y no es justo que durante ellas se me juzgue
como en tiempos tranquilos y serenos.”

Juan Manuel de Rosas

1. Introducción

En diciembre de 1829, cuando Rosas asumió por primera vez el gobierno de la provincia de Buenos Aires, algunas de las 13 provincias habían sancionado ya constituciones “escritas”, lo que revela que ese proceso tenía vida incipiente en nuestro país aun cuando todavía no se había impuesto en el mundo.
Siempre fue partidario de dar legitimidad a sus nombramientos como gobernador, y si en 1835 exigirá un plebiscito, en 1829 será designado por convocatoria de la Legislatura disuelta por el “golpe” de Lavalle, que entonces “restaura” la ley (1). Era de ideas federales por su desprecio a los unitarios más que por aceptar los principios exitosamente utilizados en el norte de América. Por otra parte, jamás fue partidario de puebladas ni desórdenes, salvo las que él mismo organizaría y controlaría, como lo expresase en una proclama anterior a su primer gobierno: “¡Odio eterno a los tumultos, amor al orden, fidelidad a los juramentos, obediencia a las autoridades constituidas!”. En 1835 el asesinato de Quiroga conmociona al país entero y Rosas vuelve al gobierno después de asegurarse el ejercicio de la suma del poder mediante un plebiscito. Durante su larga gestión establecerá una fórmula pragmática, sin normas escritas, que probablemente es la máxima concesión que puede hacer Buenos Aires, en ese entonces, a las exigencias del resto del país (2). Las provincias aspiraban a constituir un Estado nacional que les permitiera una razonable participación en las rentas generales; y a que se estableciera una política económica defensora de sus producciones (3). Se escribió y se enseñó una “historia” que se resumía en la independencia de España para dictar una constitución y luchar cuarenta años contra los tiranos para lograrla (4). Tal vez ninguna prueba sea más elocuente de la obra constitucional del Restaurador que el Pacto Federal de 1831.
Los detractores de los caudillos han dicho que sus gobiernos significaban la barbarie (5).
Si precisamos qué es “barbarie”, nos encontramos con que eran bárbaros porque eran obstinadamente argentinos. En origen, “bárbaro” significaba foráneo, extranjero, parlante de una lengua extraña.
Los idiomas no helénicos sonaban a los griegos como barboteos de palabras incoherentes, de sonidos repetidos: “bar-bar”; y denominaron “barbaroi” a quienes no hablaban griego (6).
Es importante que no nos olvidemos que la palabra “civilización” viene de civis, ciudad. Civilizados son entonces los que defienden esa ciudad. Y bárbaros los extranjeros que la atacan. A partir de esta premisa, consideraremos argentino a quien defiende su terruño y bárbaro a aquel que lo combate (7).

2. Rosas y la incorporación de los sectores populares:
el gaucho, el indio, el negro.










“La Barbarie, siendo gaucha, y puesto que iba a caballo, era más argentina, era más nuestra”, afirmó Ricardo Rojas en el año 1909.
El secreto del “vigor gigantesco de su poder actual”, no es otro que su representatividad: el ser la expresión de su pueblo –decía Alberdi- en el estado actual de su desarrollo.
José Hernández, que vivió el ocaso del gobierno de Rosas, hace que su Martín Fierro evoque con nostalgia aquel tiempo: (…) Yo he conocido esta tierra/ en que el paisano vivía,/ y su ranchito tenía/ y sus hijos y su mujer…/ Era una delicia el ver/ cómo pasaba los días (8).
La Constitución sancionada por el Congreso General Constituyente de 1824-1827, bajo el gobierno de Rivadavia, excluía como ciudadanos: “el domestico a sueldo, jornalero, soldado, notoriamente vago o legalmente procesado en causa criminal en que pueda resultarle pena aflictiva o infamante.”
Por ese entonces, Dorrego exclamó: “Hay en la campaña apenas hombres que sepan escribir. ¿Más por eso se les ha de excluir de este derecho?” Rosas si no formó el alma criolla, es indudable que la conservó, la encauzó y la enriqueció (9). A diferencia de otros políticos, Rosas tenía sensibilidad por los marginales, como se evidencia en la correspondencia que en 1833, en plena Campaña del Desierto, mantenía con su mujer Encarnación, que le cuidaba las espaldas en Buenos Aires: “Ya has visto lo que vale la amistad de los pobres y por ello cuánto importa sostenerla y no perder medios para atraer y cautivar voluntades. Digo lo mismo respecto a las madres y mujeres de los pardos y morenos que son fieles.”
¿Cómo es esta sociedad creada por él? Ante todo es una sociedad democrática. En efecto, al negro Macedonio Barbarin, nacido en Africa, lo hace sargento mayor y luego coronel.
Nunca se demostró que Rosas tuviese esclavos africanos en sus haciendas, como divulgarán sus detractores que entonces y ahora se esfuerzan por caracterizarlo como un depravado sangriento sin tener en cuenta los condicionantes personales, políticos y socioeconómicos de su gobierno (10).
Los hechos demuestran que el tipo de su gobierno se adelantó a las “ideas del siglo”.
O sea, en palabras actuales, había sido un gobernante progresista y popular (11).
Rosas respetaba a los negros, y una mujer de esa etnia, Gregoria, fue distinguida,, hecho excepcional en una sociedad rígida y discriminatoria, como madrina de uno de sus hijos, fallecido al poco tiempo de nacer (12).
El unitarismo consideraba al Partido Federal como la rebelión de las masas y lo combatían en nombre de “los principios” y la “gente decente”. El gobernador regularmente asistía a los “candombes” de los negros y no era infrecuente verlo bailar con alguna negra. Después de Caseros –afirma Gálvez- “en el campo se acabó la felicidad. Los gauchos, por haberle sido fieles, son maltratados y perseguidos por las nuevas autoridades” (13). En el cuadro social de la época, los indígenas ocupaban un lugar importante en la política rosista.
Ante una epidemia de viruela que diezmaba a las poblaciones indígenas, y considerando estos últimos a la vacuna como un gualicho, Rosas tuvo que acudir a un procedimiento para que los indios aceptaran el medicamento. En presencia de varios caciques importantes mostró la herida y la protuberancia consiguiente, desnudando su brazo y exhibiéndolo ante ellos. Después de comprobar que el mismo Rosas se sometía a la vacuna recién entonces consintieron (14). Cuando en 1835 Rosas llega por segunda vez al gobierno y con la suma del poder, los indios pampas de regreso a los pagos de Azul y Tapalquén festejaron el nombramiento.

3.Rosas y la libertad religiosa

En 1827 la comunidad inglesa solicita la donación de un pedazo de tierra para la edificación de una iglesia (15).
El templo anglicano de San Juan Bautista fue comenzado el 5 de mayo de 1830 y terminado un año y un día después, en un bello estilo griego, el ùnico de ese estilo entonces en la ciudad.
Mac Cann dice que costó casi cuatro mil libras, de las que la mitad fueron aporte oficial del gobierno de Rosas y la mitad de la congregación local. En el templo solían darse conciertos que eran anunciados en “La Gaceta Mercantil” y “The British Packet”; asistía lo mejor de la sociedad porteña, inclusive miembros de la familia del Restaurador, algunas de cuyas niñas se casaron con súbditos británicos (16). También la colectividad escocesa comienza la construcción de otro templo bajo la advocación de San Andrés, demolido en 1893. Según el periódico “Nacional” (1841): “En la ciudad y la campaña habitan 16.500 ingleses, 4.000 norteamericanos y 2.300 escoceses. Entre los ingleses se destacan: Harrat, Sheridan, Thwaites, Hannah, Stergman y Looyd Halsey” (17).
Recordemos que con motivo de la usurpación británica de las islas Malvinas producida en 1833, se creó una situación difícil en las relaciones argentinas con Inglaterra.
Muchos federales, enojados por la ofensa a la soberanía nacional, solicitaron la derogación del tratado de amistad con Gran Bretaña de 1825, idea que no disgustó a Rosas aunque luego desechó.
En tiempos del bloqueo francés (1838-1840), y a pesar de su política neutral formal, gestionó Inglaterra la terminación del conflicto en defensa de sus intereses comerciales (18). La inauguración del templo escocés se efectuó el 2 de mayo de 1833, a dos semanas de la asunción del mando por parte de Rosas. El gobernador mediante algunas concesiones extraordinarias al comercio y a los residentes ingleses, consiguió atraer a su partido a toda la colectividad británica de ambas márgenes del Plata, como asimismo a la opinión pública del Reino Unido (19).
La inauguración de la iglesia presbiteriana escocesa fue aprovechada para presentarla como una demostración de libertad, y entre los presentes estaban nada menos que Felipe Arana, Tomás Guido, Angel Pacheco y Manuel García, que pronunció un discurso, quien recordó que había sido uno de los firmantes del tratado de 1825 y declaró que “en este país el hombre puede adorar a su Dios con la misma libertad con que puede elevar sus ojos al cielo.”
El religioso norteamericano Juan Dempster proseguía con bastantes dificultades el trabajo en la Iglesia Metodista, debido a lo reducido del grupo, por lo cual volvió a Estados Unidos en 1842.
El 8 de enero de 1843 se inaugura la primera capilla metodista de Sudamérica.
En cierta ocasión, se entonó el oratorio “La Creación” de Haydn. Entre la concurrencia estaba Manuelita Rosas, su tía, esposa del general Mansilla y los cónsules de Francia y Cerdeña (20). La comunidad británica siempre fue partidaria del Restaurador.
Hudson dice: “Entre sus admiradores figuraban la mayor parte de los ingleses residentes en el país. Mi padre pertenecía a ese número.”
Lo considera a su padre un “admirador ferviente de Rosas un rosista crudo, como se llamaba a sus partidarios.” En su campo tiene en la sala un retrato de Rosas, y al hijo le ha enseñado que es “el hombre más grande del país” (21). Un sacerdote irlandés, Antonio Fahy, que ha recorrido la campaña rancho por rancho y es una especie de santo, publica por esos días una carta defendiendo a Rosas de los ataques que le ha hecho una revista de Dublin. Declara que lo hace por obligaciòn de conciencia y por agradecimiento al país (22).

4. Rosas y el terror

El terror fue preconizado por igual por federales y unitarios, como instrumento necesario para asegurar la victoria de la propia causa.
En efecto, la revolución que acabó con el gobierno de Dorrego (1828), preconiza el terror matando a varios millares de gauchos. Del Carril aconseja a Lavalle en su carta del 20 de diciembre: “...Si usted pudiera...dar la mano a todos los paisanos y rascarles la espalda con el lomo del cuchillo, haría usted una gran cosa...” (23).
Los oficiales unitarios Estomba y Rauch se destacan en las crueles represiones, y sus víctimas se acercan al millar. Con razón afirma Montezanti: “El terrorismo está indisolublemente unido al poder, salvo supuestos teratológicos –psicológicos o sociales- ...Está ligado en cuanto se lo utiliza, ora para asaltar el poder y apoderarse de él, ora para defenderlo desde él mismo” (24).
“En este caso –sigue diciendo Montezanti- el terrorismo puede ser usado institucionalmente echando mano de los organismos estables del Estado, como la Policía y la Justicia...”
“Es preciso emplear el terror para triunfar en la guerra. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos.”
Este implacable programa de acción fue adoptado en 1840 por la denominada “Comisión Argentina”, organizada en Chile para combatir contra Rosas, por Domingo Faustino Sarmiento, Juan Gregorio Las Heras, José Calle, Domingo Oro y otros emigrados. Marco M. Avellaneda será decapitado en Tucumán el 3 de octubre de 1841, según lo explica Oribe a Rosas, por ser “cómplice y uno de los promotores del horrible asesinato perpetrado en la persona del Excmo. Señor general don Alejandro Heredia, además de otros muchos crímenes.” Rivera Indarte, en sus “Tablas de Sangre”, consiguió millares de muertes como asesinatos, atribuyéndolos a Rosas. Esta obra constituye un relato grotesco de este periodista, quien años atrás ensalzara a Rosas y ahora es su injuriador. Hasta hoy perdura la influencia del monumento de infamias que son las “Tablas de Sangre” (25).
La dictadura de Rosas es meramente política y no autoritaria, y se destaca de otras dictaduras americanas en que fue creada antes de ser nombrado Rosas gobernador (26).
El caso de Camila O’Gorman se presta para la nota lacrimosa sobre los horrores de la tiranía de Rosas (27).
Es un caso verdadero, exactísimo; pero no fue un hecho político, sino de dura y estricta aplicación de la ley vigente: las Partidas. Rosas aplicó la pena capital mencionada en dicha legislación.
Rosas asumió la plena responsabilidad de la completa responsabilidad de sus actos de gobierno (28). Muchos años después afirmó: “Mientras presidí el gobierno de Buenos Aires con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores como de mis aciertos” (06-03-77).

5. Rosas y la participación de las mujeres






Rosas fue el primer político que dio participación activa a la mujer (29), y naturalmente, nunca se ha negado, en la historiografía argentina, la influencia femenina.
“¡Inmensa popularidad la de Rosas!” –nos dice Gálvez- y más adelante agrega: “Las mujeres son tan entusiastas por Rosas, acaso por razón de su extraña belleza y de su enérgico carácter, como los más fieles federales” (30).
Durante el siglo XIX, las mujeres se destacaron en la política y asuntos públicos, trabajando en general con los hombres de la familia o para ellos, como en el caso de doña Encarnación Escurra a favor de su marido, Juan Manuel de Rosas. Encarnación va a tener papel destacado en la llamada Revolución de los Restauradores (1833).
Mientras Rosas realiza su Campaña al Desierto, su mujer lo mantiene al tanto de los sucesos en la capital (31).
Los acontecimientos y la ausencia de Rosas lo han convertido en un caudillo. Sin duda Encarnación tiene aptitudes para la política (32).
La hija de Rosas, Manuelita, también será un apoyo fundamental para su padre (33). Haría de primera dama y desempeñó tareas de seducción en beneficio de estrategias de su padre. Así lo hizo con los embajadores Mandeville y barón Howden (34). Encarnación Escurra, también comprendía a los sectores populares, asimismo transcurrió los primeros años de su matrimonio en las estancias de su marido. Cabe destacar que durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas, surgió la primera periodista argentina.
Su nombre era Petrona Rosende de Sierra, fundó y dirigió “La Aljaba. Dedicada al bello sexo Argentino”, periódico que principió el 16 de noviembre de 1830 y finalizó el 4 de enero de 1831.
La educación femenina, la religión, la felicidad de las damas dentro de la órbita del deber, el auspicio de la beneficencia eran sus objetivos inmediatos (35). En el mismo año de 1830, la opinión femenina, o atribuida a la mujer, tuvo en la capital otras manifestaciones.
Por ejemplo en “La Gaceta” (jueves 29 de julio), donde aparece el personaje de “Casiana, la modista”, con aparente ingenuidad y oculta intención política (36).
El historiador Carlos Correa Luna sostuvo la opinión de que la mujer de Rosas tomó parte activa en la política antes de que los sucesos de 1833 revelaran sus condiciones extraordinarias para la movilización de las masas.
Hay otras mujeres destacadas en el grupo federal: además de la Pepa Escurra (hermana de Encarnación), está la mujer de Garretón, y la señora de Manuel Corvalán (37).


6. Conclusiones


La sociedad rosista fue democrática, analizando los tiempos y mentalidad de la época.
La separación entre las clases ha alcanzado el mínimo posible. En ciertas fiestas, damas de alcurnia alternan con personas de la clase media y del pueblo.
La objetividad consiste en estudiar el tema histórico sin prejuicios, con el anhelo de encontrar la verdad.
Rosas establece la igualdad, toda la igualdad posible. Y no cabe duda de que Rosas gobierna con el pueblo y lo representa.

Notas

1) Precedentes de las “facultades extraordinarias” concedidas a Rosas serán las “facultades omnímodas” otorgadas al gobernador Ramos Mexía en 1820, aunque limitadas en su reglamento; las “amplias facultades” que se dieron al gobernador Martín Rodríguez en el mismo año; y las facultades extraordinarias dadas al gobernador Viamonte en 1829.
2) FELIX LUNA, Buenos Aires y el país, Círculo de Lectores, Bs. As., 1984, p. 78.
3) Ídem.
4) JOSE MARIA ROSA, El revisionismo responde, Pampa y Cielo, Bs. As., 1964, p. 15.
5) Ídem., p. 28.
6) ANTONIO PEREZ AMUCHASTEGUI, Crónica histórica argentina, Codex, T. IV, Bs. As., 1979, p. LXXXIX.
7) JOSE MARIA ROSA, La historia de nuestro pueblo, Video, Bs. As., T. I, p. 2.
8) ¿Pero quién es y qué es Martín Fierro? Fierro es ante todo y sobre todo un símbolo argentino. Es un superego multitudinario. Si el Cid Campeador o Don Quijote representan “de algún modo” al español, Martín Fierro es el pueblo (SALVADOR FERLA, Historia argentina con drama y humor, Granica, Buenos Aires, 1975, p. 316).
9) Rosas tenía un estrecho contacto con la clase popular: los gauchos, que constituían su peonada, como así también con los indios, vendedores ambulantes, desertores, cuatreros, etc., que habitaban los alrededores (PACHO O’DONNELL, Juan Manuel de Rosas. El maldito de nuestra historia oficial, Planeta, Buenos Aires, 2001, p. 57).
10) Ídem., p. 100.
11) JOSE MARIA ROSA, El revisionismo...p. 160.
12) PACHO O’DONNELL, op. cit., p. 100.
13) MANUEL GALVEZ, Vida de Juan Manuel de Rosas, Edit. Heliasta S.R.L., Bs. As., 1991, p. 522.
14) JORGE O. SULE, Rosas y la problemática del indio, Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires, 1996, p. 59.
15) El 19 de febrero de 1825 se firmó en Buenos Aires el tratado de amistad y comercio con Gran Bretaña, por el cual de hecho esta nación reconocía nuestra independencia. El artículo 12 disponía cierto grado de libertad religiosa para los súbditos ingleses y curiosamente fue el más comentado y también el más resistido en ciertas zonas del interior.
16) ARNOLDO CANCLINI, Génesis y significado de los primeros grupos protestantes en Buenos Aires, en VI Congreso Internacional de Historia de América, Academia Nacional de la Historia, Bs. As., 1982, T. VI, p. 43.
17) ANTONIO PEREZ AMUCHASTEGUI, op. cit., T. III, p. 262.
18) Ibídem, p. LX.
19) Ibídem.
20) ARNOLDO CANCLINI, op. cit., p. 46.
21) MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 500.
22) Ibídem.
23) En 1883 el historiador Adolfo Carranza publicaba las desconocidas cartas de Salvador María del Carril y Juan cruz Varela a Lavalle, aconsejándole la “fusilación” del gobernador Dorrego. Años antes de morir, Juan Manuel de Rosas hace referencia a otra carta de Julián Segundo de Agüero, cuyo texto no fue publicado por Carranza ni se encuentra entre los papeles de Lavalle.
24) NESTOR LUIS MONTEZANTI, Rosas y el terror, Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas N° 43, Bs. As., 1996, p. 22.
25) Rivera Indarte posee tanto talento periodístico como falta de escrúpulos para calumniar. Este escritor, que años atrás robara la corona de la Virgen de las Mercedes, que fuera expulsado de la Universidad por ladrón de libros; hombre de costumbres sospechosas e hipócrita redomado, carece en absoluto de autoridad (MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 424).
26) Ibídem., p. 444.
27) JOSE MARIA ROSA, El revisionismo..., p. 89.
28) En 1873 el exiliado Restaurador se descarga afirmando: “Si he cometido errores –no hay hombre que no los cometa- sólo yo soy responsable. Pero el reproche de no haber dado al país una constitución, me pareció siempre fútil porque no basta dictar un cuadernito, como decía Quiroga, para que se aplique y resuelva todas las dificultades: es preciso antes preparar al pueblo para ello, creando hábitos de orden y gobierno, porque una constitución no debe ser el producto de un iluso sino el reflejo exacto de la situación de un país.”
29) En las jornadas previas a la Revolución de los restauradores, se despierta la pasión política que estaba escondida en doña Encarnación, aumentada por el contagio de la pasión de todos que brota en cada hogar de la ciudad. Desde junio de 1833 ella es el jefe de los federales netos. No consiente “el orgullo y la desfachatez insufrible” de sus enemigos.
30) MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 243.
31) MARIA SAENZ QUESADA, Mujeres de Rosas, Edit. Planeta, Bs. As., 1991, p. 73.
32) MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 204.
33) MARIA SAENZ QUESADA, op. cit., p. 122.
34) PACHO O’DONNELL, op. cit., 235.
35) OLGA FERNANDEZ LATOUR DE BOTAS, Periódicos femeninos de Buenos Aires. Contribución a su estudio, en VI Congreso Internacional de Historia de América, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, T. VI, p. 136.
36) Ibídem.
37)MARIA SAENZ QUESADA, op. cit., p. 78.

Fuente

Revista Persona.Revista Electrónica de Derechos Existenciales n° 4, Abril 2002, http://www.revistapersona.com.ar/

sábado, 4 de julio de 2009

Algunas Opiniones sobre el Restaurador...


Algunas opiniones sobre don Juan Manuel de Rosas

Gentileza de Julio Otaño

DON JUAN MANUEL DE ROSAS (1793-1877)


ROSAS, FRENTE A LAS PASIONES Por Félix Luna
Frente a la tesis antirrosista de los liberales y la tesis rosista de los nacionalistas, tenía que surgir una síntesis que afirmara lo positivo de uno y otro término. Ahora empezamos a ver a Rosas como un protagonista normal de nuestro pasado, como un gobernante que vivió tiempos duros, orilló grandes peligros con habilidad e imaginación y dejó cosas positivas para el país; Es que resulta muy difícil hacer un juicio global del Restaurador: ¿podemos juzgar a un hombre del pasado a través de criterios actuales? ¿podemos establecer el respeto que se tenía por la vida humana en esas décadas tremendas con nuestra sensibilidad de hoy? ¿Es posible entender el peligro de una disgregación nacional, hoy que tales peligros parecen impensables?. Hasta hace poco tiempo, juzgar a Rosas con benevolencia significaba, para determinados sectores liberales o marxistas aprobar el autoritarismo político, el menoscabo de la libertad, el desprecio por la vida y la dignidad del hombre. Del otro lado y contemporáneamente, enjuiciar a Rosas con severidad convertía automáticamente a quienes lo hicieran en "cipayos", "vendepatrias" y socios póstumos de aquellos argentinos que en su odio antirrosista se aliaron con los imperialismos extranjeros. En la Historia, como en la vida, nada se pierde. Rosas con su dureza, su astucia, su intransigente patriotismo, sirvió a la causa nacional. Sus adversarios, con todos los pecados y errores que se les puede achacar, aportaron algunas de las respuestas que el país exigía y que Rosas no supo darle. Entender esto significa excluir los extremismos de todo signo, para ofrecer al país las proposiciones mas positivas y trascendentes de todos los que han tenido que ver con su destino

ROSAS Y SU POLÍTICA INTEGRADORA Por Arturo Jauretche
Existe una maniobra de la historiografía oficial (liberal) que consiste en enfrentar a Rosas con sus seguidores del interior del país a mérito de un supuesto unitarismo disfrazado de rojo.. Rosas tenderá a frenar los efectos destructivos que para el interior tiene la competencia de la manufactura importada asegurando el mercado para el artesanado del interior, y sobre él la posibilidad del propio desarrollo industrial a medida que la técnica se incorpore y a eso corresponde la Ley De Aduanas. Y como no atribuye una misión providencial a los "Apóstoles del libre cambio" los ve como agentes de comercio. Así defenderá las rutas interiores y entre las primeras los ríos, llaves maestras de la época, porque es a la Nación que él dirige corresponde regular la exportación y la importación y no a las supuestas leyes económicas con que se enmascara la política imperial. La defensa de la soberanía, su resistencia a Francia e Inglaterra, así como sus relaciones con los países disgregados del tronco común tienden a unificar esa política del sistema americano, ya que no le es posible cubrir los desgarramientos producidos conscientes y deliberadamente por los unitarios que quisieron reducir el país a la pampa húmeda.

EL PLEBISCITO DE 1835: TIRANÍA O DICTADURA Por Manuel Gálvez
El plebiscito (consulta al pueblo) requerido por Rosas para asumir la SUMA DEL PODER ERA de carácter muy amplio. No sólo debería votar "la parte más sana y principal de la población"como en 1810 sino "todos y cada uno de los habitantes de la ciudad, de cualquier clase y condición que fuesen, expresen su voto`precisa y categóricamente sobre el particular" Así votaron todos los que quisieron un sufragio amplio, donde pudieron dar su opinión hasta los extranjeros domiciliados aquí, excluyéndose a la mujer, los esclavos, los niños y los extranjeros sin domicilio. Votó todo "hombre libre mayor de 20 años o menor emancipado" en un momento donde en ningún país del mundo existía una legislación así. El resultado fue aplastante: a favor de Rosas, 9720 votos. En contra 8. El 99% del electorado estuvo por la concesión de todo el poder. La Legislatura así lo ratificó. ¿Es esto una TIRANÍA? Como durante mucho tiempo se sostuvo: Los griegos, quienes crearon el término encuentran 3 elementos típicos de la tiranía: la ayuda del extranjero para subir al poder; la presión tributaria para oprimir a sus súbditos y atacar sus propiedades y finalmente la ganancia personal, el lucro, como última finalidad. No SE DAN NINGUNA DE ESTAS CARACTERÍSTICAS, NI APARECIERON EN EL EJERCICIO DEL PODER POR PARTE DEL NUEVO GOBERNADOR FEDERAL. Los romanos creadores del derecho público habían instituido la DICTADURA en caso de peligros internos o externos, asumiendo el "Dictador" todos los poderes, absolviéndosele de rendir cuentas al cabo de su gestión......

ROSAS, UN PERSONAJE INDEFENDIBLE Por B. González Arrili
Los rosistas buscan y rebuscan documentos que puedan servir para un intento de reivindicación. Los documentos no sirven para nada... Pero los papeles de Rosas no podrán jamás librarlo de los cargos concretos que le ha formulado la historia liberal:
Fue un mal hijo: Insultó a su madre, faltó el respeto a su padre, transformó y mutiló su apellido; Fue un mal padre: No dio importancia a su hijo varón y a su hija Manuela le amargó su juventud por puro egoísmo; Fue un mal patriota: No participó en las luchas de la independencia ni en la guerra con el Brasil; Fue un cobarde: Mandó a sus generales a luchar, fue un ladrón: ya lo demostraré en poco tiempo; fue un canalla; fue un farsante; Los unitarios hicieron la Unidad argentina; Como hombre fue despreciable y como mandatario un tirano execrable. Basta de documentos, la historia ya fue escrita y no debe ser revisada y muchos menos para reivindicar a un ser miserable como Juan Manuel de Rosas.

ROSAS Por Fermín Chávez
A mi juicio la humanización de la figura de Rosas, es algo más que el fruto de una tarea cultural tendiente a derretir el mito liberal. Quien no entienda que la primera batalla entre la patria rioplatense y las fuerzas coloniales se libra entre San Martín Y Rivadavia, no podrá entender nada de lo que sucede en el país a partir de 1815, hasta el clamoroso advenimiento de Rosas, al galope de los colorados del monte, que eran la tierra enardecida. El sable de San Martín se desenvainó contra Rivadavia antes que en San Lorenzo y su destino final no fue la mano de ningún prócer "educado", sino la del Jefe gaucho que afirmó la conciencia nacional en la Vuelta de Obligado. Cuando leo las páginas más recalcitrantes de la literatura antirrosista (como Echeverría y Sarmiento), termino pensando que no pudieron equivocarse tan feo dos grandes y queridos hombres de la patria: José de San Martín Y Tomás Guido, quienes no titubearon jamás en hacer suyas la causa y las banderas de la Confederación.

ROSAS, EL GOBERNANTE Y EL HOMBRE Por Luis Soler Cañas
Como hombre, Rosas pudo tener defectos y cometer errores. Desde luego hay mucha leyenda en todo esto. Pero como gobernante, examinando fríamente los hechos, cabe reconocer que ha sido una de las más grandes figuras de nuestra historia. Autor de la Unidad Nacional, defensor de la soberanía, propulsor de la independencia económica, celoso custodio del honor y el espíritu argentinos, servidor del orden, amigo de las masas proletarias, administrador honestísimo, guardián de la paz con los indios, asombra todo lo que en favor del país (no de Buenos Aires ni de una clase social) realizó en un tiempo de grandes pasiones civiles, apetitos imperialistas, bloqueos extranjeros y guerras y rapiñas contra la Confederación Argentina. Amenazado el país por los cuatro costados, Rosas se multiplicó y con la adhesión fervorosa de su pueblo hizo verdaderos milagros. Sin embargo, no debemos caer en el endiosamiento rosista, no lo deshumanicemos como se ha querido hacer y en parte se logró con San Martín, hombre y guerrero admirable, pero no un santo.

LA GRANDEZA DE ROSAS Por Julio Irazusta
La historiografía liberal juzga su personalidad por los bufones que tuvo, o por sus hábitos gauchescos, o por su literatura. Todos esos aspectos deben ser considerados en su historia. Pero específicamente nada tienen que ver con la política, donde se debe radicar el juicio de un estadista. Juzgar a Rosas por aquellos detalles de su vida es como juzgar a Luis IV por sus amantes, o a Isabel de Inglaterra por su promiscuidad o a Victoria por su germanismo sentimental o a Federico el Grande por sus versos franceses.La obra de Rosas es política y debe ser juzgada políticamente. Fue el primer organizador de la Nación. No la organizó por medio de un congreso constituyente, procedimiento que había fracasado reiteradamente en el país sino por el método tradicional que había presidido la formación de las grandes comunidades nacionales de Europa, como Francia y España y que presidiría los procesos unificadores de Italia y Alemania inmediatamente después de la caída de Rosas. Este método consistía en nuclear, alrededor del Estado provincial más vigoroso y privilegiado, las provincias pertenecientes a la región unida por lazos geográficos, raciales, históricos y políticos que la destinaban a ser una nación. La POLÍTICA INTERNACIONAL DE ROSAS, LO MÁS IMPORTANTE DE SU ACCIÓN ES DIFÍCIL DE RESUMIR. Sus objetivos eran unificar el país, pero no en sus actuales fronteras, sino en las del antiguo virreinato del río de la Plata, menos las partes a que el país había renunciado solemnemente, Hacer respetar la soberanía por todos los estados, pequeños o grandes, hasta usar la fuerza si era necesario para ello. Recibir liberalmente a la inmigración extranjera como convenía a un país escasamente poblado. Pero sustraerla de la influencia de sus países de origen y nacionalizarla automáticamente al cabo de tres años de residencia. Los otros aspectos de su gestión: el administrador probo re infatigable, el celoso vigilante del bienestar colectivo, el amigo del pueblo, configuran a un gran político. Pero indudablemente su aspecto superlativo es su acción internacional de 20 años, sin la cual no se podría concebir la existencia de la República Argentina en su actual contorno territorial y que lo presenta como a uno de los grandes estadistas de América. Para que esa grandeza se apreciara como es debido sólo faltó que la escuela diplomática fundada por él tuviera discípulos, mientras sus vencedores estaban empeñados en demoler su obra.

martes, 16 de junio de 2009

Actividades del mes de Junio de 2009

Actividades a desarrollarse en el
Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas
Montevideo 641, Capital Federal



La Comisión Permanente de Homenaje a Juan Facundo Quiroga realizará el XLVII° Seminario de los Caudillos dedicado al general Martín Don Miguel de Güemes




Jueves 25 de junio 19,30 hs: “Genealogía y Heráldica de la familia Güemes” por el Dr. Sergio Núñez y Ruiz-Díaz

Viernes 26 de junio 19,30 hs: “Güemes ya tomó partido: don Martín es Federal” por el Sr. Juan Martín Grillo

Dr. Sergio Núñez y Ruiz-Díaz: Jurista, docente de “Historia del Derecho Argentino” en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Miembro del Instituto de Historia del Derecho del Colegio Público de Abogados de Capital Federal. Genealogista y heraldista.

Sr. Juan Martín Grillo: Estudiante de la carrera de abogacía (UBA). Ayudante alumno de “Teoría del Estado”, cátedra del Dr. Arturo Pellet Lastra. Coordinador General de la Comisión Permanente de Homenaje a Juan Facundo Quiroga. Miembro Fundador de la ACAPI (Asociación de Comunicadores Argentinos por Internet). Fundador y director de la página Web de Historia “El Restaurador de las Leyes”. Miembro del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Folklorista e investigador histórico.



Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas
Entrada libre y gratuita
Se entrega certificado de asistencia
Montevideo 641, Capital Federal
institutorosas@cultura.gov.ar / comisionfacundoquiroga@gmail.com

miércoles, 3 de junio de 2009

Documento de la ACAPI (Asociación de Comunicadores de Argentina por Internet) en respuesta a los dichos de Biolcatti sobre Evita

LO DE BIOLCATTI SOBRE EVITA: ESO ES ODIAR



Por Gabriel Fernández


Cuesta tanto odiar en esa dimensión que uno se siente tonto, apocado, limitado. Lo que para ellos, hombres como Biolcatti, es natural a su historia, su entorno y su política, para nosotros es un esfuerzo singular. La profunda ansia de “revancha” no es más que bronca frente a seres que oscurecen nuestras vidas.
Es difícil contestar los comentarios de Biolcatti sobre Evita. ¿Porqué? Uno intenta rastrear contundencias, recobrar adjetivos, inventar condenas.Sostener repudios.Entonces, se me ocurren cosas tremendas: desde epítetos directos hasta sutiles tramas que denotan la grandeza de nuestra jefa espiritual por sobre la pequeñez del miembro de la Sociedad Rural. Y no hay nada, no aparece nada, créame, que logre equipararse al odio pesado, definitivo, del oligarca.Uno piensa que va a dar un mazazo contundente y, como es habitual, apenas desgrana la ingenua bronca del hombre del pueblo contra el poderoso. Cuesta tanto odiar en esa dimensión que uno se siente tonto, apocado, limitado. Lo que para ellos, hombres como Biolcatti, es un movimiento interior natural que se condice con su historia, su entorno y su política, para este periodista es un esfuerzo singular. Un ponerse en situación. Un forzarse a uno mismo: debo odiarlo. (Pero vio, lector: no nos sale. Lo que solemos considerar una profunda ansia de revancha, cándido re-sentir a zapatazo limpio, matonaje peronista o violencia piqueteril, no es más que bronca y razón frente a seres que oscurecen la vida con su presencia.)Uno se enoja con Biolcatti. Pero Biolcatti ha superado esa vaga sensación hace rato; otra que enojo: el tipo ha sido cómplice de un gobierno que torturó mujeres embarazadas. Sabe tomar el pulso y discernir cuándo alguien vive y cuándo alguien muere. Los Biolcattis han violentado el cuerpo de Eva y han asesinado a miles de sus herederas. Han creado campos de concentración y han barrido con los delegados obreros. Han secuestrado niños y han saqueado una nación.¿Quién puede responder, con la misma intensidad, al odio de ese hombre? Creo que es imposible, porque como ha narrado Blades, no todos somos iguales.Horas atrás, con los ojos llenos de furia, un humilde compañero me decía: a ese sorete habría que cagarlo a trompadas. Se le antojaba, en su candor, el colmo de las venganzas. ¡Alguien debería hacerlo! Biolcatti ha superado, también hace mucho, esas reyertas con resabios de nobleza: cada pibe que mendiga en nuestras calles es, qué duda cabe, producto suyo, de Jose Martinez de Hoz, de Domingo Cavallo. Cada piba prostituída por la fuerza o por la falta de trabajo, cada varón desconcertado por un desempleo humillante, cada subocupado condenado a aceptar condiciones inadmisibles, cada ratero que tuvo que inventarse el laburo, cada cartonero que anda con la familia en las frías madrugadas, son Made in Biolcatti. Eso es odiar, amigos. Lo nuestro es afán de justicia, comprensión permanente, un insulto al pasar, hasta algunas agresiones que remedan un ataque. El cachetazo de Luis D´Elía a un golpista. La piña de un joven sobre Alfredo Astiz. Las pullas de los manifestantes contra Roberto Alemann. Biolcatti supone que el peronismo necesita auto engañarse y fingir que Esa Mujer está viva a través de una actriz. Después de 70 años de ganar elecciones democráticas. Y de sufrir golpes de Estado orientados a anular la voluntad popular.Ahora bien: quién sabe ¿no? En una de esas algo resulta cierto; la inyección de vitalidad que los trabajadores de la Patria le dieron a Evita la mantienen, de algún modo, viva entre nosotros. Y en una de esas Biolcatti, que anda caminando por ahí, sale en fotos y brinda arengas, está muy muerto. En una de esas Biolcatti, con su perfume y sus camionetas y sus casonas, hiede. En una de esas el hombre es un líder real, y encarna a un país que agoniza y derrama sobre todo lo vital un inconfundible aroma a putrefacción. Frente a tus desprecios y a tus torturas, frente a tus crímenes y a tus robos, frente a tu odio miserable y a tu rencor infinito, Biolcatti, te hago llegar un sencillo pito catalán. Así podrás decir, entre puros y vinos finos, en amable rueda de amigos: estos tipos no joden a nadie. Es así nomás. No sabemos odiar a tu altura.Pero acá estamos. Eso te saca de quicio. Pasa el tiempo y acá estamos. Tomando unos mates con María Eva Duarte de Perón, quien se ve tan hermosa, tan vital, tan joven, que no lo podrías creer. GF






UN MENSAJE DE Asociación de Comunicadores de Argentina por Internet
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Por A.C.A.P.I.

domingo, 24 de mayo de 2009

A 200 años del primer grito: 25 de mayo de 1809

A 200 años del primer grito de independencia en el virreinato del Río de La Plata





Por Eduardo Rosa

Charcas, Chuquisaca o La Plata , la ciudad de los tres nombres era para Concolorcorvo la “más hermosa y bien plantada de todo el virreinato.
Desde que se descubriera plata en la cercana Potosí, que llegó tener, en 1625 160.00 habitantes, lo que lo hacia una ciudad más grande que Londres, la población de la zona había mermado al agotarse su riqueza.
La vemos en 1809 con apenas 8.000 pobladores, indios, mestizos y blancos, en su mayor parte dependiendo de la universidad de la audiencia o del obispado, lo que era una mezcla explosiva. Tan explosiva como el nombre de su zona, el “P'utusqsi” - de donde se deriva “Potosí”, que significa “explosión”, porque se cuenta que los incas ya habían descubierto la plata y cuando quisieron extraerla, una enorme explosión se los impidió, y por respeto a tanto celo telúrico no continuaron en su empeño.
Charcas fue fundada para ser cabeza del Virreinato del Perú y debió depender de Lima, Tuvo inmensas riquezas y solo le quedaron como fantasmas la magnificencia decadente de sus iglesias con altares de plata y la frustración de no ser.
Pertenecía, desde 1776 administrativamente al virreinato del Río de la Plata , lo que era una frustración más para esa orgullosa ciudad, ya que debía depender de la lejanísima y poco ilustre Buenos Aires.
La ciudad de los tres nombres y la triple corona por su audiencia real, catedral metropolitana y universidad Mayor era un nido de pleitos y discusiones, como toda población de funcionarios, canónigos, abogados y estudiantes y su mezcla de orgullosos hidalgos o comerciantes venidos a menos, en cuya sangre corrían parejos castizos blasones y orgullo indígena.
A fines de 1808 llegan rumores sobre la situación española que las autoridades traten de ocultar. Pero como no podía ser de otra manera, comienza la discusión en donde todos están contra todos. Cada grupo de presión, sean clérigos, militares jueces o autoridades trata de ganar un lugar en el previsible reacomodamiento de las cosas, hasta que de la universidad de San Francisco Javier se propone el “silogismo de Chuquisaca”
Premisa mayor: “Las Indias son un dominio personal del rey y no de España”.
Premisa menor: “El rey está impedido de reinar”.
Conclusión: “Luego las Indias deben gobernarse a sí mismas desentendiéndose de España”.
Desde enero de 1809 la ciudad se convierte en un infierno de discusiones. Esto se agrava con la certeza de las operaciones de los “Carlotinos” que trabajaban para coronar en América a Carlota, esposa del rey de Portugal y hermana de Fernando VII rey español. Era una maniobra bien pensada, que pondría un rey en América y políticamente paralizaría las represiones previsibles de España y Portugal. Pero no interpretaba los deseos del pueblos.

El 25 de Mayo de 1809

Los estudiantes – impulsados por el joven tucumano Bernardo de Monteagudo – levantan al pueblo contra la entrega a los portugueses. A las 7 de la mañana del 25 de mayo la plaza Mayor se llena de gente; los canónigos echan a vuelo las campanas de la catedral a cuyo repique hacen eco todas las iglesias; la multitud exige la libertad de algunos presos; las autoridades acaban por concederlas. Hay manifestaciones. El comandante militar, Alvarez de Arenales, plegado a la rebelión organiza la defensa: moviliza e instruye a todos los hombres aptos para las armas y en poco tiempo reúne un ejército de 1.300 milicianos. Salen delegados : Mariano Michel va a La Paz , Bernardo de Monteagudo a Potosí y Manuel Moreno a Buenos Aires.
El presbítero Medina será la cabeza de la revolución, pero Domingo Murillo sería su alma. Hijo sacrílego de un sacerdote de una india paceña, fue educado cuidadosamente por su padre. Este le deja el legado de una buena biblioteca, pero él debe trabajar de minero y luego de escribiente. Reinicia su carrera de leyes a los cuarenta años; obtiene el título en Charcas en 1805 y abre en La Paz su bufete especializado en la defensa de indios.
La noticia de los tumultos de Charcas llega a Buenos Aires en junio. En el río de la plata eran más fuertes los Carlotistas y eso inmoviliza el apoyo, dado el sesgo fuertemente contrario a la maniobra de los Carlotinos, entre los que se encontraba Belgrano.
De otra forma, la revolución Nacionalista de Charcas, que era mirada con simpatía y desconfianza hubiera podido prender en Buenos Aires y junto a ella en todas las demás provincias cercanas y tal vez otra hubiese sido nuestra historia.
Lo cierto es que ya se cumplen los primeros 200 años del grito de independencia y esto se lo debemos a una ciudad que hoy se llama Sucre y está en Bolivia, aunque cuando se sublevó era parte de nuestro virreinato.

Eduardo Rosa – 24 de mayo del 2009

Como asumió Rosas su primer gobierno

UN GAUCHO EN EL GOBIERNO



por Oscar J. C. Denovi

PUBLICADO EN “EL TRADICIONAL” EN SU NUEVO FORMATO DE REVISTA QUE ACOMPAÑA COMO SUPLEMENTO BIMENSUAL LA REVISTA “EL FEDERAL” DE LA EDICION DEL 26 DE JUNIO DE 2008

No existen documentos conocidos, que nos hablen de la vida de nuestro gaucho en su niñez. Lo que se sabe de ella, son algunos datos que permiten reconocer aspectos de su vida infantil y adolescente, sus estudios sistemáticos y su inserción en un medio social y geográfico, que permiten inferir, junto a las características de su temperamento puesto en evidencia también por algunos actos aislados conocidos, su formación propia del hombre de campo argentino. No hay testimonios que relaten tales o cuales hechos de su joven vida de niño, salvo que en su época escolar, pasaba la temporada de receso, en la estancia de su abuelo materno, Rincón de López, y que terminado sus estudios elementales, fue a vivir en aquella estancia, ejerciendo las tareas de campo propias a la técnica de la época. Se conoce que participó sirviendo en el traslado de abastecimientos a un cañón, en las luchas libradas en la Reconquista de Buenos Aires en 1806, luego al año siguiente, incorporado al Regimiento de Migueletes, en la Defensa de Buenos Aires.(1)
Tenía para entonces trece años en 1806 y catorce en 1807 - nació el 30 de marzo de 1793 – edad en la que entonces, era habitual que los adolescentes (calificación contemporánea) intervinieran oficialmente o extraoficialmente – así lo hizo nuestro actor como muchos otros – ya que las leyes con respecto a la milicia establecían quince años para los que podían entrar en combate, no así para los que se entrenaban en los “alardes”, destinados a disuadir a los enemigos ya que se efectuaban a campo abierto, con la finalidad de ser vistos por los eventuales atacantes, debiendo saber montar y “blandir” algún tipo de arma, blanca (lanza, sable, machete) o de fuego (pistola, carabina o fusil). Era y es normal, que las autoridades frente al hecho que menores tomen las armas frente a la agresión de un enemigo externo – y aun ocurre cuando el enfrentamiento es interno – hagan caso omiso de las normas, sobre todo cuando los acontecimientos están en los momentos más álgidos, es decir la lucha en la inminencia de iniciarse, o ya iniciada.
El lector de historia, ya sabe que nos estamos refiriendo a Juan Manuel de Rosas, que luego de los hechos de la agresión inglesa de 1806/1807, continuará su vida campestre en la estancia del Rincón de López, donde bajo la mirada de sus padres, y la hábil conducción de un capataz mestizo de Pampa (tehuelche guenaken), aprendió las técnicas del trabajo ganadero y agrícola. Pialar, enlazar, pechar el vacuno cimarrón, domar el caballo, herrar, carnear, conducir un arado, ungir los bueyes, en fin todos los secretos del rudo trabajo de la cría vacuna o equina, la vaquería, o el acondicionamiento de los elementos auxiliares a la vida rural – poner el tiro a una galera, un carro o una carreta, u otros vehículos de tiro, ensillar un recado-. Su fortaleza física, su vivacidad captadora de reflejos que permitían rápidas respuestas ante la circunstancia imprevista, y sobre todo su destacada inteligencia, pronto lo pusieron a la cabeza de los más hábiles y osados. Era el mejor de los gauchos. Por su carácter, basado en un temperamento tenaz, era el jefe, el caudillo que ya se insinuaba. Ya aparecía el hombre joven de varonil belleza física, que con su cabellera rubia y ojos azules, coronando una altura mediana – 1, 76 m. – complementaba aquellas dotes, provocando en el medio social que constituía su peonada y la de establecimientos vecinos, una suerte de magnetismo que hacía a una obediencia ciega.(2) El medio que exigía una suerte de militarización de esos mismos peones, donde aquel joven se destacaba por su inteligencia, valor y fortaleza, probada en más de una decena de ocasiones, estableció la simbiosis perfecta del jefe y sus soldados, una milicia que más parecía por su disciplina, un ejército europeo, que un conjunto de hombres armados, milicias criollas que abundaban en los campos, de un país bárbaro como era la argentina de entonces.
En 1811, Juan Manuel pasa a administrar la estancia de su familia por decisión de su padre, que consideró al joven con la madurez y el saber suficientes para comandar las actividades de la propiedad. Esta última función es el campo experimental que modela el jefe. Impone una férrea disciplina que lo abarca, es ante la “ley” que el concibe, un “primun inter pares”. Si él la infringe – lo que hace exprofeso – recibe igual castigo que sus peones. Con esto logra una rígida disciplina inconcebible entre personajes levantiscos, bravíos, carentes de todo freno. Pero esto lo logra porque es gaucho. Viste, vive, cabalga, tiene habilidades como sus subordinados, no es de sorprender que esa gente haya asombrado en 1820 al habitante de la ciudad de Buenos Aires, por su desacostumbrada postura disciplinaria en comparación con los cuerpos vistos por esa población. La comparación se hacía más contrastante, por la fiereza del tipo humano rural. Mezcla de indio en primero, segundo o tercer grado (en ocasiones con más generaciones antecedentes) sus facciones denotaban la tosquedad que Darwin describió con cierta prevención en su visita al campamento de la columna izquierda del ejército al llamado desierto en 1833. Sus rasgos patibularios según el naturalista británico, se suavizaban si en el transcurso del linaje – desde el primer apareamiento mixto hasta el último eslabón de aquel – se habían introducido otras mezclas de origen europeo (español o de otro origen) o acentuaban esa fiereza si por el contrario la introducción era de otros elementos indígenas en ese proceso.(3)
En ese año ante el orden y disciplina de los soldados “Colorados del Monte” se encontraron con indios o casi indios, pulcros, uniformados impecablemente, respetuosos del ciudadano, guardianes de los bienes y de la vida, y además bravíos combatientes que habían vencido a los rebeldes, o contenido las montoneras.
En 1819 ha sido nombrado Capitán de milicias, rango logrado por sus méritos en la campaña de Buenos Aires en la que aconseja al gobierno formar una Comisión de Hacendados y Labradores, cuya misión es organizar la seguridad de las haciendas que se encuentran en el territorio de la Pcia de Bs. As. que tiene como límite al sur el río Salado. Esto lo ha hecho desde su establecimiento “Los Cerrillos”, levantado en 1814 después de abandonar la administración de los bienes familiares, y de casarse con Encarnación Ezcurra.
Cuando se caso, tenia Juan Manuel 23 años, 18 su esposa, ambos se irán a vivir a aquel campo cercano a la guardia de San Miguel del Monte, fuerte de la línea de frontera interior que comenzaba en Chascomús, se continua en Ranchos, pasaba por Monte, y continua paralelo al Salado, hasta que después de sus nacientes, hacía punta en Melincué, ya en la Pcia de Santa Fe.
La ruda vida del campo continuó, como prolongación natural de la vida en el Rincón de López. Es el joven gaucho junto a su compañera – de carácter fuerte como él – que experimenta la dureza del clima, intensos calores en verano, intensos fríos en invierno, otoños grises y lluviosos, primaveras ventosas, y bajo esas condiciones el trabajo en el campo ganadero y agrícola. El medio social, que el dueño de la estancia iba modelando a las reglas de vida que aseguraban el mayor equilibrio para la convivencia, seguía siendo el mismo, los peligros de ataques de malones se repetían de vez en cuando. Desde allí, en sus recorridas por los campos cercanos, en las salidas “alardes” (4) para alejar algún peligro, o en las visitas a la ciudad, Rosas iba recogiendo la experiencia de sus observaciones, las observaciones del gaucho, que todo lo aprendía a partir de la experiencia absorbida por medio de la mirada de tales o cuales hechos o prácticas.
Un paréntesis se provoca en 1820, por los hechos que se producen en la ciudad de Buenos Aires según ya vimos someramente, y por el enfrentamiento posterior de la Provincia con las fuerzas de Estanislao López, que lleva a Rosas a tratar el pacto de Benegas, que firmará por Buenos Aires Martín Rodríguez. Esto obliga a Rosas y su gente a una vida volcada a lo militar, que lo aparta de sus prácticas gauchescas solo en las tareas y en forma parcial en la vestimenta. Su forma de vida en esencia, la de toda su vida hasta entonces, solo que ahora alejado de las prácticas regulares rurales, porque tampoco el ejército podía hacerlo totalmente, ya sea para alimentarse, o para guarecerse de las inclemencias del tiempo.
Pero en 1821, un desacuerdo grave que surge con el Gobernador Martín Rodríguez por un malón que sufre la ciudad de Salto, hace que Rosas renuncie a la jefatura de campaña de la Pcia. y se retire a sus establecimientos para atender sus negocios.
La experiencia recogida en este tiempo en que ha intervenido en política, le permite valorar en los años venideros los aciertos y desaciertos administrativos, las medidas económicas y financieras de la Capital que repercuten en el país entero (que llegan a sus oídos, pues conoce apenas el sur de Santa Fe y el este de la actual provincia de La Pampa) , las quejas de las provincias en orden a la absorción por el puerto de recursos que podían contribuir a un mayor desahogo económico de ellas, al sector social que se beneficiaba de las prácticas monopólicas porteñas, el predicamento federal y el unitario, el pensamiento de los caudillos, de Dorrego, etc.
En 1825 es encomendado por el Gobernador Las Heras integrar una Comisión con el Gral. Juan Lavalle y el ing. Felipe Senillosa, para trazar una nueva frontera con punto de apoyo en el Cabo Corrientes, lo que implica una negociación con los indios, enojados con el gobierno por la expedición punitiva injustamente llevada contra ellos por Martín Rodríguez, que él deberá llevar a buen término, lo que conseguirá en un famoso “parlamento” celebrado en Tandil en ese año.
Más adelante, en 1827, durante el interinato de Vicente López por renuncia de Rivadavia a raíz del tratado con Brasil de Manuel García, es repuesto como Jefe de la Campaña de Buenos Aires por el autor del Himno.
Es entonces que en esa función, consolidando el trabajo de amojonamiento realizado por Senillosa y Rosas en el seno de la comisión formada por Las Heras, fundará varios fortines que se convertirán en pueblos con el correr del tiempo: 9 de julio, 25 de Mayo, Junín, Bahía Blanca son entre otros, esas fundaciones.
En los tristes acontecimientos que se suceden a partir del 1 de diciembre de 1828, en que el Gobernador Dorrego fue derrocado, Rosas combate al lado del Gobernador depuesto en Navarro, a pesar de la falta de convicción de Juan Manuel de poseer fuerzas aptas para enfrentar las veteranas al mando de Lavalle. Luego tratará de convencer al Gobernador de reunirse con López en Santa Fe, pero este insiste en procurar reunirse con tropas del ejército, que la espera adictas a la legalidad. Por ello caerá prisionero de los Tenientes Coroneles Escribano y Acha, oficiales a las órdenes de Pacheco, que se habían sublevado a este General.
Consecuentemente, Rosas, investido por Estanislao López como Jefe del ejército que intentará recuperar la Provincia de Buenos Aires de las manos unitarias, después de derrotar a Lavalle en Puente de Márquez. Lo logrará hacia fines de 1829, y los inspiradores del asesinato del Coronel Manuel Dorrego, fusilado en Navarro el 13 de diciembre de 1828, se retiran de la ciudad de Buenos Aires y se refugian en Montevideo, constituyendo el embrión de la Comisión Argentina, que hostilizará el gobierno argentino desde la ciudad oriental del Río de la Plata, en los años siguientes hasta 1832, y acentuaran su hostilidad a partir de 1835 hasta conseguir en 1852 el derrocamiento del gobierno partidario del federalismo.

La experiencia adquirida

Lo que decimos a continuación, en parte esta inferido de los actos, los pensamientos conocidos, la acción pública y las actitudes de Juan Manuel de Rosas.
El cúmulo de la experiencia de vida, lo dio, a fines de 1827, su prolongado contacto con el sector rural, el gaucho y el indio por un lado, el estanciero y el tenedor (5) de la tierra por el otro. Digamos que nuestro gaucho infantil, joven después, hombre más tarde, ha madurado su vida sin cambiar su habitat, su cultura.
Ha tenido una experiencia militar sin tener una escuela que lo profesionalizara en la táctica y la estrategia (en realidad son muchos los que no hicieron escuela militar por la época)
Ha iniciado una organización productiva que se va integrando en forma sucesiva y coloca su principal establecimiento, “Los Cerrillos”, en la cúspide de la perfección de su época en la explotación agropecuaria. Este último aspecto se debe a su inteligencia sobresaliente, a su fortaleza y a su tenacidad. Es, sin duda, el “primun inter pares” de los gauchos. En ese estado de situación personal, lo encuentra cuando renuncia Rivadavia, Vicente López asume interinamente la falsa Presidencia de la República, institución que disuelve, convocando a elecciones de Gobernador para Buenos Aires, que determina el advenimiento de Dorrego.
La caída de Rivadavia va a traerle la restitución de la autoridad formalmente investida de jefe de la campaña bonaerense, uniendo la realidad de su autoridad real sobre la sociedad rural de la Provincia, con la de la investidura. Además de profundizar su prestigio, y de acrecentar su experiencia militar, ya que en la práctica lo colocaba en posición de jefe de todas las milicias provinciales, posición que se extendía al ejército asentado en el territorio de la provincia. Prueba de ello lo será, la construcción de los Fortines, Fuertes y Guardias, luego poblaciones, que hemos enunciado más arriba, construidos con intervención del ejército de la época, cuya institucionalización estaba aun en forma embrionaria, a pesar de su creación en mayo de 1810.
Rosas ha conocido en profundidad, la mentalidad de la gente de su estrato social, es decir de la clase principal, que se bifurca entre la burguesía enriquecida por la especulación comercial, y la aristocracia de sangre a la que pertenecía naturalmente, pero que ostentaba con la simpleza propia de los grandes, sin entrar en el “amiguismo” y la complicidad, manteniendo su jerarquía de jefe, no por su clase, sino por su autoridad intrínseca que mostraba su humanidad. No era postura ni investidura formal, era la encarnación misma de la rectitud y la hombría, era el dominio del superior moral sobre el más débil, el que buscaba cobijarse bajo esa fortaleza. Todo lo contrario, del que se encontraba en su posición acomodada por la tenencia de riquezas, o del perteneciente al sector de abolengo, que hacía de su posición social, materia de superioridad humana sobre otros individuos.
Lo primero, se manifestaba en su espíritu gaucho que inundaba toda su personalidad.

El gaucho en la lucha por la Libertad

El instinto gaucho hizo de este tipo humano un personaje aferrado al terruño, a las tradiciones, a las costumbres y prácticas lugareñas, a una forma de vida adaptada a su medio geográfico, climático, etnológico, folklórico y biosíquico.(estrictamente este último término engloba a los otros, total o parcialmente, pero siendo poco usual su utilización, preferimos incluirlo.)
Rosas, culturalmente, ha absorbido lo que el instinto gaucho hizo en su medio, lo ha comprendido después de asumirlo como propio. El querer popular por Dorrego, que es el mismo que sienten por él, debió operar como refuerzo de su conducta protectora de esas mesnadas de fieles dispuestos a dar su vida por el jefe político, y por el patrón severo y jefe de las fuerzas del orden que integraban. Haya sido así, o por los distintos caminos que identificaron a Dorrego y Rosas políticamente, (desde mucho atrás de este momento entre fines del 27 y transcurso del 28), con tan distintas personalidades, suscitaban la misma devoción por su comportamiento social y patriótico. Porque el Federalismo de ambos era el sentimiento gaucho de la Patria, y el gaucho era la Patria encarnada en los hombres que por ella luchaban.
Cuando la conspiración criminal derroca a Dorrego, Rosas ya conoce a los unitarios y a quienes colocándose en el extremo de la cosmovisión europeísta de estos, llegan al extremo de pretender la eliminación de los dirigentes federales (las cabezas de la Hidra, según la conocida figura usada por Salvador María del Carril).
Esto lleva a Rosas a constituirse en el Jefe Militar de la Confederación en la Provincia de Buenos Aires (ya era llamada así, la unión política de provincias que reconocía en Estanislao López su conductor, que delega en Rosas el mando del ejército para sofocar a Lavalle). En menos de un año, sin lucha después de la batalla de Puente de Márquez, Rosas doblega a los unitarios (Lavalle, jefe militar y gobernador de facto, busca la paz con Rosas en un memorable encuentro en el campamento del Restaurador).
¿Qué ha empleado Rosas, sino la astucia? Encerró la fuerza unitaria en la ciudad, y la obligó a permanecer inactiva, hasta que los políticos perdieran la paciencia, y creyendo que tenían una situación favorable, hicieron practicar violencia en una elección convenida entre el jefe unitario y el jefe federal. Astucia de quién conoce el oponente, y tiene una superioridad arraigada en la voluntad de sus seguidores.
Comprendiendo que el país no estaba maduro en ese momento para celebrar una compleja ley organizadora de la vida nacional, instruye a los representantes de Buenos Aires en la Liga Litoral, para lograr un acuerdo de unión de las provincias, que plasmara formalmente la unión de hecho que había predominado desde 1820. El 4 de enero de 1831 se firma el Pacto Federal por las provincias de la Liga, que en el término de poco más de un año logra ser suscripto por las restantes existentes en la Argentina de entonces. Nace la Confederación. Veintiún años había esperado el país para tener una ley suprema aceptada por las provincias, y esto se concreta finalmente, por obra de las provincias federales del litoral. Por obra de un gobernante con pensamiento gaucho, que comprende que la evolución que al ha visto en la naturaleza, el crecimiento paulatino de sus criaturas, las transformaciones del suelo según las circunstancias climáticas, era la ley que debía primar en la transformación de la ruda sociedad, en otra, era la maduración que debía generar las instituciones republicanas que el país necesitaba, conservando su Independencia, su “Imperium” sobre lo propio, sea esto territorio, río, lengua, cultura, religión, costumbres.
Había nacido gaucho, en el seno de la aristocrática familia Ortiz de Rozas, se había criado gaucho – lo dijimos anteriormente – había evolucionado gaucho, y moriría como gaucho en tierra extranjera, demostrando sus dotes personales más extendidas que las del gaucho – especialmente las intelectuales – pero más extendidas, más profundas, más omnicomprensivas, que cualquier otro hombre de su época en la Argentina, y posiblemente en América del Sur.


1) Es pertinente recordar que la negativa documentada por el profesor “Celesia” sobre esta última actuación, fue rebatida por el Dr. Alberto Gonzalez Arzac en el año 2006, por el simple expediente de ampliar la imagen de la documentación consultada por aquel, comprobándose que el Profesor leyó un término corregido en el documento, cuyo significado denotaba ausencia, cuando en realidad decía lo contrario. Celesia careció de la tecnología que en cambio si dispuso Gonzalez Arzac para interpretar correctamente lo que estaba escrito. Ver Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas Nº 66, pag. 8 a 25, cuyo autor es mencionado más arriba.
2) El tipo rubio, hombre o mujer, ejercía particular atracción en el medio social gaucho y indígena y ello se manifestaba en una suerte de subordinación psicológica de estos elementos humanos al que poseía esas características, salvo cuando era contrariado en sus intereses, creencias o amores, en cuyo caso, solía adquirir un odio extremo.
3) Esta observación debe tomarse como una ley general, proviene en este caso de relatos de cronistas del pasado que se refieren a los tipos humanos de esta parte de América, a ciertas costumbres que deformaban particularmente la cabeza, descriptas por dichos cronistas, a las que se refiere José Hernandez en su Martín Fierro, y que seguramente provocaban deformaciones en el rostro. A ello hay que sumarle las características propias de la raza amarilla que originó el mal llamado indio americano, y la etnía propia de las pampas de la Argentina, del Uruguay, del Paraguay y del este de la Patagonia. En menor medida, alguna mezcla con Ranquel (sur de San Luis) y con nativos del norte de Santa Fe, Córdoba y Mendoza, se entiende, siempre en la región “gaucha”. Esta imagen, predominante entre los pueblos cazadores y recolectores de esta región de las estancias, estaba más o menos conforme con sus expresiones culturales, religiosas, morales y políticas. Los primeros gauchos (gauderios) provenían seguramente del primer tipo de mestizaje, y sus costumbres, ampliamente difundidas por Azara, tenían mucho de la vertiente india. El contacto de este elemento con la sociedad en los Pueblos y Ciudades, donde tomo contacto con otras formas culturales y fundamentalmente religiosas, fue transformando paulatinamente sus costumbres.
4) La doctrina de defensa española, practicada en la Reconquista de la Península frente a los moros había ya establecido entonces (siglo X) el “alarde”, que consistía en salir al campo con armas y bagajes, con el objeto de practicar maniobras de combate. Una segunda finalidad era la disuasiva, el enemigo podía ver el número de combatientes que debía enfrentar, las armas que poseían, etc, solía ser suficiente para postergar un combate. En esos tiempos, época de murallas fortalecidas, este segundo aspecto solía dar resultado, porque la movilidad de los contendientes era limitada. La costumbre militar pasó a América, y se empleaba en la Argentina en las fronteras internas para enfrentar los indios, cuando estos merodeaban un fortín o una población. Desapareció en el primer cuarto del siglo XIX, porque los indios preferían el ataque sorpresivo. El alarde dio origen al vocablo más moderno que se refiere a una persona que hace ostentación de su peligrosidad, cierta o simulada.
5) El estanciero era un propietario por ser beneficiado por una “Merced de Estancia” en la época en que reinaban los reyes de España. Después de Mayo de 1810, el Estado encontró en las tierras públicas, una fuente de recursos con los que sufragar los gastos corrientes, y los requerimientos económicos de la guerra por la independencia. La tierra se vendió hasta que las exigencias hipotecarias a favor de la Banca Baring, (o sus representantes) obligaron a mantener la tierra pública en manos del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, y promover la entrega en concesión: Esto fue la ley de Enfiteusis. Hacia 1830 había en la Provincia tres tipos de propietarios, los antiguos beneficiarios de Mercedes de Estancia, los compradores de tierras después de 1810, y los enfiteutas que habían adquirido una concesión por veinte años (ese lapso establecía la ley) a partir de 1825/26.La tierra tenía escasísimo valor, y el estanciero no se diferenciaba en su vida y confort del que tenía el gaucho. Como el peón, debía trabajar a la par de él, solo lo distinguía la calidad de jefe y del dominio de las rudimentarias técnicas sobre los animales, bovinos, equinos y ovinos. Esta situación comienza a cambiar a partir de la explotación de la salazón de carnes hacia 1815, para los campos más cercanos de Buenos Aires y Atalaya (cerca de Magdalena), donde se establece un puerto para embarcar dichas carnes y otros subproductos. Muchos años después y mas allá de la mitad del siglo XIX, un importante saladero se estableció en el Tuyu, haciendo que su puerto (actual Gral.Lavalle) fuera el segundo del país en tonelaje embarcado.
El simple tenedor de la tierra, era aquel que por los mismos métodos de obtención de los tres expuestos más arriba, tenía dominio sobre tal o cual predio, pero no ejercía ninguna tarea sobre él. Generalmente vendía el permiso de “vaquería” que podía ejercer sobre cualquier animal que se encontrara dentro de la propiedad, que como no tenía límites precisos, tal permiso de accionar contra “mostrencos”, muchas veces caía sobre territorio que pertenecía a otro.
Mientras el primero era un productor primario y rudimentario, el segundo era un simple especulador, mentalidad que lo asemejaba en mucho, a la burguesía que se había formado a partir de la riqueza brindada por el comercio, en gran medida ilegal (contrabando) o inmoral (tráfico de esclavos), que en el siglo XVIII ocupaba el centro de la ciudad, de donde había desalojado a los descendientes de los fundadores, que debieron mudarse a los antiguas propiedades de tierras otorgadas por los fundadores fuera del ejido urbano.


Bibliografía: “Rosas en el destierro” Antonio Dellepiane Bs. As. 1936 Talleres Gráficos Argentinos.
“Vida de Don Juan Manuel de Rosas” Manuel Galvez – 3ra edición Editorial Tor
“Juan Manuel de Rosas, su vida, su drama, su tiempo” Carlos Ibarguren - Roldan editor
“Rosas” Antonio Dellepiane – Santiago Rueda Editor – Avellaneda - 1950

CONFERENCIA ORGANIZADA POR LOS JOVENES REVISIONISTAS (22/08/2007): Atilio García Mellid

ATILIO GARCIA MELLID, O EL REGRESO DE LAS MONTONERAS



Por Federico Gastón Addisi

En la conferencia del día de hoy me voy a referir a un pensador nacional polémico. ¿Su nombre? Atilio García Mellid.
Y digo que es un pensador polémico porque, a juicio de quien les habla, el centro medular de su pensamiento, plasmado fundamentalmente en su labor historiográfica –aunque para ajustarse mas a la realidad debería decir política-historiográfica – es ni mas ni menos que el protagonismo del pueblo como el centro de la Historia. Y esta simple y sencilla idea ya lo convierte en un hombre polémico tanto para los historiadores liberales que a lo largo de sus publicaciones escamotearon este protagonismo tras el tristemente famoso latiguillo de “civilización o barbarie” a través del cual invirtieron el significado de las palabras, toda vez que para ellos era bárbaro el gaucho, el criollo, el que pensaba y vivía en nacional, como producto de nuestra tierra, y civilización en cambio, era el unitario, el ilustrado que pensaba y vivía a la europea, queriendo reemplazar nuestra realidad por un modelo exterior, o en palabras del propio Mellid: “Bárbaro era cuanto se alineaba en la defensa de lo nacional, en la causa de la justicia para el pueblo”. (GARCÍA MELLID, Atilio, Montoneras y caudillos en la Historia Argentina, Buenos Aires, EUDEBA, 1985 p. 27). Decía entonces, que García Mellid es un autor polémico para los liberales por los motivos que quedaron expuestos, pero también lo es para ciertos autores nacionalistas conocidos como “restauradores”, que más que en el pueblo siempre creyeron en el protagonismo de elites aristocráticas como artífices de la historia. Sin embargo, siempre hay una excepción que confirma la regla, y en este caso fue nada menos que Marcelo Sánchez Sorondo quien dijo: “En cabeza de Perón y a través del peronismo la prédica nacionalista se convirtió en doctrina nacional. Todo el país políticamente mensurable, se reconoce desde entonces en ese espejo que algunos pretenden fragmentar. Por la ancha convicción del pueblo nuestro país descubre que es nacionalista con San Martín, Rosas y Perón”. (SANCHEZ SORONDO, Marcelo, La Argentina por dentro, Buenos Aires, Sudamericana, 1987, p. 419). Por lo tanto, y apenas entrando en tema, tenemos uno de los principales conceptos que Uds tienen que asimilar para comprender el pensamiento de García Mellid: el pueblo como sujeto y protagonista de la historia. A título personal debo confesar que quien aquí humildemente expone, siempre sintió curiosidad, y hasta me he visto reflejado en varias cuestiones con la personalidad de Atilio García Mellid. Paso a explicarles por qué. Primeramente, nuestro biografiado no provenía de una familia “nacional”, en el sentido político de la palabra, y su educación y formación estuvieron inicialmente signadas por prédicas liberales oficialmente impartidas desde la enseñanza, a través de todos los planes de estudio en todos los niveles; primario, secundario y universitario. Incluso D Atri en su libro “El revisionismo histórico y su historiografía” que forma parte como apéndice del libro de Jauretche, “Política nacional y revisionismo histórico”, editado por Peña Lillo en 1974, señala en la página 136: “Este escritor, luego de un breve paso por la masonería, devino a una posición nacionalista ortodoxa”. Es que como resulta lógico, para quienes no “mamamos el revisionismo y lo nacional” desde la cuna, desde nuestro seno familiar, nuestro primer contacto con la historia y la política es lo que se dicta en colegios, universidades, etc, es decir, la historia oficial. Y para llegar a lo nacional se debe recorrer un doble camino, una doble tarea. Primero hay que desaprender todo lo falso y lo que nos ha llevado al error, y desandar senderos equivocados. Después, aprender la sana doctrina, buceando en nuestra historia y política, y en esa búsqueda que más que histórica es filosófica y teológica, encontrar el camino que nos lleve a la verdad. Este rasgo de García Mellid de tener que “reaprender” me identifica profundamente. Sobre el tema; decía con extraordinaria precisión y terrible crudeza ese patriota que ejerció según Juan Domingo Perón “la primera magistratura moral de la república”, y que se llamaba Raúl Scalabrini Ortiz: “Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran [...] Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer exactamente cómo somos”. (SCALABRINI ORTIZ, Raúl, Política Británica en el Río de la Plata, Buenos Aires, Plus Ultra, 2001, p. 7). O dicho en palabras más sencillas, pertenecientes al inmortal José Hernández, quien escribió nada menos que el libro nacional por excelencia y –dicho sea de paso- su militancia rosista, federal y antiliberal se oculta vilmente: “Hay hombres que de su cencia Tienen la cabeza llena; Hay sabios de todas menas, (de todas las clases o categorías. Nota del autor) Más digo, sin ser muy ducho, Es mejor que aprender mucho El aprender cosas buenas”. (HERNANDEZ, José, Martín Fierro. Segunda Parte, Buenos Aires, Distribuidora Quevedo de Ediciones, 2005, p. 259). Otro rasgo de García Mellid con el cual me identifico profundamente es el fino análisis que efectuó de nuestra historia, detectando la constante dicotomía que campea en la misma. Y partiendo de esas dos argentinas, pudo establecer las correspondientes líneas históricas, que no son otra cosa, que los “mojones” que a lo largo de nuestra historia representaron a una u otra corriente política con una coherencia ideológica que apuntaba a la construcción de un modelo de país determinado. Pero más adelante volveré sobre el tema. Ahora, brevemente, y a título informativo haré una pequeña reseña de su biografía. Atilio Eugenio García Mellid, tal era su nombre completo, nació en Buenos Aires el 4 de agosto de 1901 y falleció el 24 de enero de 1972 en la misma ciudad. Fue docente, diplomático, periodista e historiador. Desde muchacho tuvo inquietudes literarias y políticas. La impronta juvenil lo inició en la poesía. Entre sus obras poéticas se pueden mencionar: “El templo de cristal” (1924); “Los poemas del mar y la estrella” (1925); “La torre en el paisaje” (1931); “Sonetos del amor divino” (1953). Un comentario aparte merece el poema publicado en el periódico “Norte”, el 24 de julio de 1958, titulado “A Eva inmortal” y cuyos versos iniciales dicen: “Tu cabeza yacente al mundo asomas y ángeles rubios vuelan de tu pelo”. Su labor como periodista la desempeñó como Director de las publicaciones “Itinerario de América”, de la revista “Biblos”, de la Cámara del Libro, dirigida primeramente nada menos que por Julio Cortázar, y “Selección” (Cuadernos mensuales de cultura); donde hacía comentarios bibliográficos Jorge Luis Borges. Como hombre de letras y perteneciente a la cultura era asiduo concurrente a la Asociación de Escritores Argentinos (ADEA) que fundó Arturo Cancela en la planta alta del Bar Helvetia de Corrientes y San Martín, donde también concurrían Leopoldo Marechal, José María Castiñeira de Dios, Juan Alfonso Carrizo, Rafael Jijena Sánchez, César Tiempo, Horacio Rega Molina, entre otros. Participó de “La primera Feria del Libro Argentino” (1943), cuya realización fue idea de la Cámara Argentina del Libro, que presidía Guillermo Kraf y de la cual Mellid era gerente. Como Docente, Atilio García Mellid fue catedrático entre los años 1922 y 1946, e integrante del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, donde colaboró dando conferencias y escribiendo en al menos tres números de su revista. Fue también un apasionado militante político. Afiliado a la UCR, fue uno de los fundadores de FORJA en 1935 hasta su disolución e incorporación al peronismo. En el gobierno de Perón fue Director del Departamento de Cultura de la Cancillería, y en 1948, Embajador en Canadá. Su adhesión al peronismo, le trajo cuando el golpe de la “fusiladora” de 1955, el exilio en el Uruguay y la persecución. En la etapa de la resistencia peronista fue correo del General Perón y permaneció leal, profetizando la vuelta del peronismo al poder, hecho que no pudo ver materializado por su muerte en 1972. Hasta aquí una breve semblanza de la vida de Atilio García Mellid, que como tantos otros pensadores nacionales que hemos estudiado, tuvieron un derrotero que recorrer hasta llegar a incorporarse al campo nacional. También como otros; tuvo sus obras de poesía, siendo esto casi una constante entre los nacionales, tal vez por aquello que decía José Antonio Primo de Rivera: “A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!” (PRIMO DE RIVERA, José Antonio, Obras de José Antonio Primo de Rivera. Edición Cronológica, Madrid, Almena, 1970, p. 69) Efectuada esta introducción pasaré a continuación al análisis de las obras y el pensamiento mismo de García Mellid. Habitualmente se considera que su primer obra histórica o política fue “Montoneras y caudillos en la Historia Argentina” que data del año 1946, pero según el ilustre maestro, fallecido hace apenas un año, Fermín Chávez, existió anteriormente una obra de la que sólo haré mención por ser la misma inhallable, su nombre es “Firpo y la grandeza nacional” (ver: CHAVEZ, Fermín, Diccionario Histórico Argentino, Bs As, Fabro, 2005, p. 244). Además de la obra mencionada existieron otros trabajos que actualmente son imposibles de conseguir por encontrase totalmente agotados y no haber sido reeditados. Para completar la obra bibliográfica los mencionaré pero en un acto de sinceridad intelectual debo confesar que jamás las tuve en mi poder, y por tanto, no las he leído. Se trata de: “Dimensión espiritual de la revolución argentina” (1948); “La crisis política contemporánea” (1953); “La constitución cristiana de los estados” (1955), publicada en Madrid, y “Explicación del comunismo”, del que ni siquiera se encuentran registros de su fecha de publicación. Tenemos entonces que la primer obra propiamente dicha de carácter histórico fue “Montoneras y caudillos en la historia argentina”, editada primeramente en 1946, y luego reeditada por EUDEBA, a instancias de Arturo Jauretche en 1974. La repercusión de la obra puede imaginarse señalando que la misma fue “Premio Municipal”, el mismo año de su aparición, y que la misma alcanzó tal trascendencia que cuando la Argentina sufrió el golpe militar de 1976 contra el gobierno democrático de Isabel Perón, los golpistas ordenaron secuestrar los ejemplares de la misma que aún circulaban. ¿Pero que era lo que decía este pequeño libro de apenas 118 páginas que provocaba tanto revuelo? Pues la “obrita” verdaderamente se las trae. Porque ya de movida nomás, en su introducción, en la página 17 el autor señala: “En la Argentina todo lo que cuenta y vale ha surgido del pueblo. La montonera es el símbolo de las ardientes aspiraciones populares; el caudillo es la personificación de los anhelos colectivos: su intérprete y sostén. Entre aquella y ésta queda configurada nuestra democracia: la democracia histórica argentina, en la que radica nuestra soberanía y se define nuestra peculiaridad” (Ibid, p. 17). Más adelante; en el Capítulo 1, pág. 23, García Mellid encuentra la clave de la dicotomía que padece la Argentina, y a partir de allí traza, como hemos dicho anteriormente las líneas históricas que le dan fundamento a cada modelo de construcción de país. Así el autor apunta: “La historia argentina, por lo tanto se bifurca en la lucha por la ley y en la lucha por la libertad. Los , que son los que pujan por la primera, han constituido, en los diversos períodos el unitarismo, el progresismo, el unicato, el y la oligarquía. El pueblo, adherido a la causa de la libertad, ha sido impugnado por tales círculos como gaucho, montonero, compadrito, chusma y descamisado. La realidad, que está por debajo de los calificativos, es que unos y otros representaron y representan: la legalidad frustránea y las libertades genuinas. En la pugna de tales conceptos queda delimitada toda la historia política argentina. En el esquema simple, caben las luchas de los caudillos, las polémicas de los doctores, las controversias de los partidos y todos los azares y fracasos de la organización institucional. Más que de dos criterios políticos, se trata de dos formas de sentir el país, de dos maneras de interpretar el destino de los argentinos...” Luego en la página 27, Mellid remata el concepto diciendo: “La ley y la libertad, tomadas en sentido dialéctico, se originaban en dos estratos igualmente antagónicos: la y la . De una y otra saldrían, consideradas en su desarrollo político, los y los , en cuyo origen –más que en las doctrinas- se nutrirían las discrepancias insalvables que habrían de caracterizarlos”. Atilio García Mellid ha dejado en estos breves párrafos claramente expuestos los motivos de las diferencias políticas argentinas, de la antinomia permanente que persiste a lo largo de la historia. Y la clave no es otra que la lucha del país real contra el país formal o legal. Ya lo decía el Pepe Rosa cuando nos hablaba sobre la posible conciliación de opuestos, la valoración favorable o desfavorable que se haga de Rosas o Rivadavia, de federales o unitarios, dependerá primeramente de lo que se entienda por “patria”. Porque dos concepciones antagónicas se enfrentaron desde los comienzos mismos de nuestra historia. “Dos concepciones de la argentinidad que naturalmente tendían a excluirse la una de la otra: para unos la patria nacía consubstanciada con el sistema político burgués y el patriotismo consistía en traer la europea, por lo menos en su exterioridad más evidente, que era el régimen constitucional, y en su realidad económica que era el régimen capitalista [...] esto era llamado civilización [...] Pero para otros argentinos, para la inmensa mayoría de los argentinos, la patria era algo real y vivo, que no estaba en las formas, ni en las cortes extranjeras ni en las mercaderías foráneas. Era una nacionalidad con sus modalidades propias, su manera de sentir y de pensar que le daban individualidad. No estaba en los digestos legales sino en los hombres y las cosas de la tierra [...] Hubo una Argentina formal y una Argentina nacional: aquella se manifestó en la parte , y ésta en el pueblo todo sin distinción de clases”. (ROSA, José María, Estudios Revisionistas, Bs As, Sudestada, 1967, pp. 23 y 23). Después de leer los conceptos de García Mellid y de José María Rosa queda totalmente claro cuál es el eje del enfrentamiento que divide a los argentinos. Y este hallazgo es uno de los méritos que tiene “Montoneras y caudillos”, y es precisamente uno de los motivos por lo que se convierte en un libro indigerible para los liberales, siempre ligados a la antipatria. Porque, lamentablemente para ellos, no vivimos en la Torre de Babel, aunque hoy pretendan darle un sentido "babélico” a las palabras, y por lo tanto “patria” tiene un único significado, que según el Diccionario de la Real Academia Española: “Proviene del latín que significa ; es el lugar, población o país donde se ha nacido.” Por consiguiente y como lo indica la etimología, la patria es, ante todo, un suelo, un territorio, pero no sólo eso, sino que como “tierra de los padres” se comprende que la patria es por esencia una tierra humana, una tierra mía y de mis compatriotas, que a su vez posee una herencia que es irrenunciable y que le da una identidad. Por lo expuesto, patriotas eran quienes habían defendido el suelo, el territorio, la soberanía, al pueblo, y no quienes dictaron leyes, instauraron instituciones o establecieron constituciones. Y esto lo dice claramente García Mellid. Y para colmo, establece con claridad quienes fueron los hombres que representaron a esa Patria genuina, y así lo decía: “El general Rosas fue un símbolo de las ingenuas pero ardientes aspiraciones de la muchedumbre que querían hacerse parte del destino nacional. Yrigoyen sopesó esa realidad social argentina y recuperó para el servicio de la patria a esas masas despreciadas por el oligarca, revalorizando en su vigorosa substancia autóctona al gaucho, al compadrito y la chusma, que ascendieron de nuevo a su condición de paisano, de ciudadano y de pueblo. El coronel Perón, por medio del manejo simple de las realidades vernáculas, captó la verdadera antinomia que recorre nuestra historia […] Por obra del coronel Perón se ha puesto en marcha una vez más la prístina levadura histórica argentina”. (GARCIA MELLID, Atilio, Montoneras y caudillos en la Historia Argentina, EUDEBA, Buenos Aires, 1974; cita en: FRENCH, Carlos Rubén, Semblanza de Atilio García Mellid, Revista del Instituto Nacional de 63, 2001-2002,°Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires, N p. 49). “No trepidó el coronel Perón en afrontar su deber hasta el fondo. Su corazón generoso, su máscula pujanza, su orgullo de ser uno en el pueblo, le alentaron y sostuvieron. No le temió al calificativo de , ni rehuyó la acusación de . A quien anduvo tantos caminos, en la pampa y en las montañas nativas, y también en las tierras , no podía escapársele que la montonera criolla es la medida de nuestra libertad. La montonera primitiva, desde el terrible año 20 hasta el 52, sostuvo e impuso el federalismo; la montonera radical, desde el 90 hasta el año 12, luchó y logró implantar el sistema político de su soberanía; la nueva montonera, que desde la muerte de Yrigoyen había quedado sin jefatura y destino, aspira a fundar una auténtica democracia social argentina”. (GARCIA MELLID, Atilio, Montoneras y caudillos en la Historia Argentina, Buenos Aires, EUDEBA, 1974; p. 112). Después de semejantes conceptos creo que está demás abundar en explicaciones de por qué el libro “Montoneras y caudillos en la historia argentina” fue retirado de circulación cuando los personeros de la antipatria, al servicio de la plutocracia internacional, derrocaron al gobierno de Isabel Perón en 1976. En una síntesis de las ideas fuerza del libro analizado y con el riesgo de pecar de reduccionista, lo que les tiene que quedar claro son dos elementos que aparecen como distintivos del pensamiento de García Mellid y que reiteradamente se mencionan en la obra; estos son: la dicotomía de la historia argentina, encarnada en el país formal y legalista, o en el país real. Y el otro aporte importantísimo, con el cual me identifico plenamente, como ya he dicho, es la construcción de una línea histórica nacional, en este caso, representada por Juan Manuel de Rosas, Yrigoyen y Perón. La segunda obra que voy a analizar con Uds data del año 1950, publicada en Bs As, por la editorial Hechos e Ideas, y lleva el nombre de “Etapas de la Revolución Argentina”. Este libro fue el fruto de dos conferencias dictadas por García Mellid en la Embajada Argentina en Canadá cuando cumplía en aquél país tareas diplomáticas. En este pequeño libro, de apenas 61 páginas el autor señala con acierto que en la América Hispana, en materia de derecho “hemos tenido antes los Códigos, que la auténtica canalización de las costumbres [...] Es por esta causa que todo lo que ha pretendido sostenerse como , como , ha sido habitualmente lo antinacional, lo que asfixiaba, destruía o impedía la auténtica manifestación de las libertades del pueblo”. (Ob. Cit., p. 11). En páginas posteriores teoriza que la historia argentina esta dada en cuatro etapas fundamentales, estas son: 1) La historicidad, 2) La institucionalidad, 3) La politicidad, 4) La integración. Cada una de estas etapas tuvo sus máximos representantes que la llevaron adelante, con lo cual, nuevamente García Mellid, marca una línea histórica con “mojones” que aportaron a la construcción de un proyecto nacional. A su entender, en la etapa de la lucha por la historicidad el papel central lo tiene durante las invasiones inglesas el conjunto del pueblo de Bs As; y durante las luchas civiles, lo posee Don Juan Manuel de Rosas. Respecto a las invasiones inglesas y el rol del pueblo durante las mismas, García Mellid ofrece lo que a mi entender es lo más interesante del libro. Y esto no es otra cosa que tomar las invasiones como clave para desentrañar toda nuestra historia, “porque en aquellos episodios se advierten los tres elementos que siguen actuando hasta nuestros días: el elemento conquistador, que considera a las tierras americanas como campo propicio para explotaciones y rapiña; las llamadas clases dirigentes, que sumisas a los dictados extraños, olvidan sus deberes para con el medio nativo y actúan como aliadas del invasor o del inversor extranjero; y el elemento popular [...] que lleva en la llama de su corazón todos los instintos defensivos de la libertad de la patria y de la dignidad que al hombre se le debe”. (Ob. cit. p. 12). Casualmente, o no tanto, mi maestro, el Profesor Jorge Sulé, sostiene que la llave de la bóveda para la interpretación de la historia desde una perspectiva revisionista consiste justamente en los elementos mencionados anteriormente en el libro de Mellid, sólo que con el agregado de que el pueblo se defiende instintivamente con lo que tiene a mano y se encolumna siempre detrás de sus líderes naturales, estos son los caudillos. Quién detecta estos elementos en los diversos sucesos de nuestra historia dice el Profesor Sulé, tiene abierta la comprensión a muchos sucesos de nuestro pasado que de otra manera serían de difícil o nulo entendimiento. De más está decir que coincido en un 100% con mi maestro. Volviendo al análisis del libro que nos ocupa, no queda demasiado por decir, pues lo sustancioso del mismo acabamos de desmenuzarlo detalladamente. En lo que a las otras etapas que señala el autor como parte de nuestra historia, sólo se puede decir que le atribuye la lucha por la institucionalidad a las masas federales que después de Caseros buscaban que el país se diera un ordenamiento constitucional. Opinión esta más que discutible, pero como ya se verá oportunamente, es siempre discutible el concepto que tiene el autor sobre los sucesos de Caseros, en particular, sobre el proceder de Urquiza. La lucha por la politicidad tuvo a criterio de nuestro biografiado, a Don Hipólito Yrigoyen; en tanto que la cuarta y última etapa, esta es, la de la integración, encargada de fusionar lo nacional con lo social, quedaba destinada al peronismo. Finalmente, en el capítulo II del libro, el autor hace una apología y una defensa de la gestión del gobierno de Perón hasta aquellos días. Muestra de ella es el párrafo que transcribimos por considerarlo de lo más sustancioso, además de insistir García Mellid, en las simetrías entre Perón y Rosas: “La reforma financiera aplicada por la Revolución Nacional Argentina, escapa a los moldes clásicos de la economía liberal o capitalista, sin inclinarse a los métodos preconizados por la economía totalitaria o estatal. Consiste en una solución intermedia, de fines sociales, inspirada en la realidad argentina y destinada a promover los remedios adecuados a la naturaleza de los fenómenos económicos actuantes en su seno [...] Pretender desconocer o retacear el significado de este grandioso episodio de nuestra recuperación económica, no es lícito ni patriótico, encuadrando a quienes en tan menguada posición se colocan, en la misma triste condición de aquellos argentinos que, cegados por el odio a Rosas, se unieron al extranjero para someter la patria y derrocar a su gobierno. La historia suele ofrecer estas analogías, tanto más posibles cuanto menor ha sido la condenación de los desafortunados predecesores”. (Ibid, pp. 37 y 41). Nuevamente a modo de síntesis; creo que lo más rico que nos deja esta obra de García Mellid, es el método de análisis histórico con esos tres elementos que polidialectizan entre sí y que los constituyen; como quedó dicho, el elemento conquistador que se proyecta sobre estas tierras y no precisamente con fines filantrópicos; las oligarquías vernáculas, siempre minoritarias pero muy poderosas, aliadas por intereses de clase con la metrópoli; y el elemento popular que con lo que encuentra resiste defensivamente los embates de quienes pretenden dominarlos, casi siempre, con un jefe o caudillo que los representa y se pone al frente de sus luchas. Para analizar la tercera y cuarta obra, me voy a permitir una licencia y alteraré el orden cronológico que hasta el momento venía siguiendo, de modo de dejar para el final la que considero la obra cumbre de García Mellid, me refiero a “Proceso al liberalismo argentino”. Por lo tanto la obra que comentaré a continuación es una pieza historiográfica magnífica que le valió a García Mellid, ser condecorado por el Gobierno del Paraguay, en ese momento presidido por Stroessner; su nombre es “Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay” y fue publicada en 1964. Como dato de color debo agregar que recibió la misma condecoración, otro eminente representante del revisionismo histórico, como lo fue Don Pepe Rosa. La obra efectuada por el Dr. Rosa y los estrechos vínculos de amistad que supo cosechar en el país guaraní, le valieron cuando asumió el tercer gobierno el General Perón, el puesto de Embajador en Paraguay. De “Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay” he seleccionado algunos pasajes que creo son de gran importancia por los entramados políticos que denuncia el autor y en los cuales estaban complicados algunos de los “próceres” del liberalismo. De este modo se refiere Mellid a Urquiza: “Su posición era la de conquistar la alianza del Brasil, o la de integrar a Entre Ríos y Corrientes en una nacional separada, si aquel plan fracasara. Exponiendo este orden de ideas, le escribía al gobernador Pujol, de la provincia de Corrientes: ”. Este simple pasaje desnuda dramáticamente la traición en la que se hallaba envuelto el Sr. Urquiza, dispuesto a la secesión del territorio de la Confederación con tal de no ver perjudicados sus intereses personales. En otro tramo del mismo libro señala el autor que: “En 1857, Brasil envió al Río de la Plata la misión de Paranhos, la que despertó fundadas sospechas en todos los ambientes paraguayos. El cónsul en Buenos Aires, don Buenaventura Decoud le escribió al presidente López, transmitiéndole las noticias alarmantes que le llegaban de Entre Ríos. Según las mismas, se evidenciaba que los brasileños y Urquiza estaban decididos a declararle la guerra al Paraguay, pues los preparativos que estaban haciendo eran idénticos a los que en su momento se habían organizado contra Rosas”. Los documentos prueban que el tema de la guerra contra el Paraguay estuvo presente en los debates, y que Urquiza patrocinó esa idea. Otro párrafo estremecedor, y que quizá contenga una remota causalidad de lo que después fue el asesinato de Urquiza era el siguiente: “Los amigos de Urquiza, leales soldados del federalismo, se movían por principios ideales y estaban en el cauce auténtico de la nacionalidad, definida por sus tradiciones, su personalidad histórica y las esencias peculiares de su genio. Ellos advertían lo que tenían de nocivas las ideas liberales, que Mitre y sus adeptos trataban de imprimir sobre el alma nacional, comprendían que su deber los obligaba a expulsar ese cuerpo extraño, para que la Nación y el pueblo recuperaran el manejo pleno de su autonomía. Para esos hombres, puros e idealistas, el Paraguay era una parte inseparable de su territorio espiritual, los enemigos eran Mitre, el Imperio, el liberalismo, los porteños… Tal como el general Ricardo López Jordán se lo dijo a Urquiza, cuando éste ordenó la movilización de las caballerías entrerrianas para ir en apoyo del Brasil y contra el Paraguay. ”. Llegaron las horas decisivas y Urquiza se inclinó con todo el peso de su gravitación y de sus medios hacia el partido de Brasil. Un hombre que estudió con seriedad y pasión la vida y conflictos de las naciones de la cuenca del Plata, el Mexicano Carlos Pereyra, expresó este juicio lapidario: “”. La acusación contra el “libertador de Caseros” es categórica y no deja resquicios para la duda. Porque, es necesario decirlo con todas las letras, Urquiza ya había perdido su alma frente al becerro de oro en Caseros, pagado por los brasileños, y de allí en más, sólo se dedicó a enriquecerse a costa de las vicisitudes políticas de los pueblos. Así fue como utilizó la Guerra del Paraguay para venderle caballada de su propiedad a las tropas brasileñas: “Lo que no trascendió en el momento de la operación, empezó a saberse poco después, cuando don Mariano Cabal, socio de Urquiza, iba haciendo entrega de las grandes partidas de caballos adquiridas por los brasileños. El cónsul, Rufo Caminos le escribía a Berges: ”. La opinión inglesa sobre tan deslucidas actitudes, fue expresada por Cuninghame Graham, en su libro terminado en Ardoch, en 1933, dice que Urquiza, “”, agregando más adelante: “”. Frente a tanta traición, fue nuevamente el inmortal Hernández, autor del Martín Fierro quien dijo las palabras precisas y proféticas: “El general Urquiza vive aún, y el general Urquiza tiene también que pagar su cuota de sangre a la ferocidad unitaria, tiene también que caer bajo el puñal de los asesinos unitarios”. Pues no fueron los unitarios quienes le dieron muerte, pero esta lo alcanzó de todos modos, comprobando una vez más que quien mal anda, mal acaba. Anteriormente había señalado que Mellid fue un militante activo del peronismo en la resistencia, no sólo con su pluma, sino también, actuando como correo del General Perón. De ésta época en el exilio y a modo de comentario final sobre el libro que acabo de comentar, citaré una carta que Perón le escribiera a nuestro biografiado: “Madrid, 7 de agosto de 1964, Sr Atilio García Mellid. Mi querido amigo: He recibido y leído su nuevo libro y lo encuentro magnífico en todo sentido, pero especialmente extraordinario dentro del procesamiento de las oligarquías antinacionales que usted viene realizando con tanto talento como éxito. Usted sabe el cariño que yo tengo a ese pueblo digno de admiración, al que tengo el honor de pertenecer como ciudadano honorario, y considero que su libro abre un curso a la historia de nuestros países en los que los historiadores oligarcas hicieron de las suyas, falsificando la verdad e indignificando más los hechos que pretendieron explicar con sofismas que ni ellos mismos creyeron. Los paraguayos y los buenos argentinos lo han de haber recibido con verdadero alborozo, porque pone las cosas en el lugar del cual no debieron haber salido nunca, si como mantenemos la verdadera historia es verdad y es justicia, aún cuando no agrade a muchos de los que están ligados a los que la protagonizaron. Es indudable que ha de haber puesto el grito en el cielo, pero ahí están los hechos que valen mucho más de cuanto se pueda alambricar con subjetividades deformantes [...] Usted comprenderá así la inmensa satisfacción con que he leído su libro, que me decido ahora a releerlo para estudiarlo más concienzudamente, porque su contenido tan documentado y circunstanciado, no puede penetrarse en plenitud sin un profundo análisis. Muchas gracias por todo. Un gran abrazo. Juan Perón”. (PERON, Juan Domingo, Correspondencia II, Bs As, Corregidor, 1983, pp. 64 y 65). La cuarta obra que comentaré, corresponde al año 1967, y su nombre es “Revolución nacional o comunismo”. Si al comenzar la conferencia señale que García Mellid fue un pensador polémico, este libro constituye a mi entender, el que más polvareda levanta. Por empezar hay que decir que no se trata de un libro de historia sino que es una obra eminentemente política. En la misma el autor hace un análisis de la doctrina marxista y las distintas mutaciones que fue sufriendo hasta llegar a su intento de mimetización con lo nacional, tratando de infiltrarse en los movimientos nacionales y cómo, en definitiva esto constituye la prueba de la derrota del comunismo. Analiza; desde la infiltración en la Iglesia, a través de la “Teología de la liberación”; hasta la creación en Europa de las democracias cristianas plagadas de marxismo lavado; pasando por el fenómeno del panarabismo y panafricanismo; y el intento de la llamada “izquierda nacional” por copar el peronismo. De esta obra citaré sólo algunos de los párrafos más “jugosos” como para que todos uds se queden pensando y reflexionando sobre las ideas vertidas. Decía Mellid sobre el materialismo: “Las teorías que se asientan sobre la realidad existencial de los valores utilitarios, sin profundizar las corrientes soterráneas en que se generan los valores idealistas del ser, pasarán, junto con la ola de hedonismo que las provoca, sin dejar huella en las hondas vivencias de la historia. Este es el destino próximo del capitalismo y de su progenitor, el liberalismo económico; también lo es el de las perversas alienaciones del intelecto, llamadas socialismo, marxismo, comunismo, sovietismo o chinoísmo. El devenir histórico no puede construirse sobre la fragilidad de esquemas unilaterales ni de extraviadas interpretaciones”. (GARCIA MELLID, Atilio, Revolución nacional o comunismo, Bs As, Theoría, 1967, p. 12). Acerca del marxismo apuntaba: “El fracaso del materialismo histórico resultaba claro, todavía en vida de Engels. Muerto Marx en 1833, Engels empezó a descubrir muchas de las insuficiencias y errores que la doctrina contenía [...] Engels se creyó obligado a declarar [...]” Marcando lúcidamente las diferencias entre el “Tercer Mundo” y la Tercera Posición de Perón, García Mellid distinguía: “Congelados los bloques en pugna –el capitalista y el comunista-, rápidamente comprendió el marxismo que su mayor capacidad de maniobra le permitiría aprovechar en su beneficio la indefinición e ingenuidad de los llamados [...] Todo consistía en alentar una supuesta política no comprometida, infiltrando en los cuadros vagas promesas de emancipación, consistentes en el , el , la , y el [...] Esta no era por cierto la tercera posición que un presidente argentino –el General Juan Perón- propició en 1947. Su sentido coherente estaba dado por los valores espirituales –católicos, latinos, hispánicos- que la inspiraban. Su radical oposición a los dos imperialismos en conflicto surgía naturalmente de sus propios enunciados. La proposición, lanzada el 6 de julio de 1947, abogaba por ” (Ibid, p. 73). La pluma aguda y crítica también cayó sobre la democracia cristiana de la que nuestro autor opinaba: “Una de las grandes paradojas de ese mundo que dice defender la civilización occidental y cristiana, es que donde actúan partidos que se califican de es donde los comunistas logran, por vía indirecta, sus mejores victorias. En efecto; si bien los elementos comunistas no han logrado conquistar el poder, influyen de manera importante en las decisiones del gobierno, mediante la infiltración de su ideología en grupos internos de las llamadas ” (Ibid, p. 125). Para agregarle un toque de buen humor a esta exposición, me permito recordar la opinión que tenía Perón sobre la “democracia cristiana”. Sobre ellos decía que eran “pececitos colorados que nadaban en agua bendita...” Retomando el análisis, no quedó afuera de la crítica cierto sector del nacionalismo: “Más beneficia al marxismo el enfrentamiento de los reaccionarios, que sus propios méritos, que no son sino producto de dolorosos espejismos. La primera exigencia del anticomunismo, en función de la dinámica histórica del tiempo a que pertenecemos, es la de ser profundamente social [...] El anticomunismo, como que sucede al anticapitalismo deber ser otra cosa. Asumido su carácter de revolución, está obligado a sostener modificaciones estructurales revolucionarias. Para serlo, no hay otro camino que el de servir al bien común, que es el bien del pueblo. Sin la presencia activa del pueblo, no puede haber política, ni sociedad, ni Estado [...] Hoy se considera que la democracia debe dirigir el proceso económico y resolver el problema social. El nacionalismo no puede mantenerse ajeno a este curso inexorable de la historia. La fórmula de un que para frenar el progreso económico y social, busca la solución política del despotismo, es tan anacrónica como aquellos partidos conservadores de cuya entraña ideológica saliera [...] No puede haber nacionalismo que no se sienta fuertemente inclinado a la vida social. Puesto que la Nación y el pueblo constituyen los elementos primordiales para cuya realización plena funciona el nacionalismo, no puede concebirse que se abandonen los dos instrumentos que configuran sus derechos inalienables: el de la soberanía de la Nación y el de la justicia para el pueblo [...] Quienes intentan usar la religión como dique para detener el justo avance de los derechos sociales, no pueden decirse nacionalistas, ni escapan a la condenación del Santo Padre. Una nueva conciencia, una filosofía más virtuosa y una sensibilidad social más afinada, caracterizan a los modernos nacionalismos. Muy lejos quedaron aquellos movimientos como el de Charles Maurras que identificaba la monarquía con los privilegios de las llamadas “clases superiores”. (Ibid, pp. 229, 231, 241, 243, 244). Para terminar, Mellid analizaba el intento del marxismo de infiltrarse en el peronismo y proféticamente decía: “Quienes en nombre de una interpretación materialista de las luchas sociales, aspiran a captar al elemento peronista, ignoran que uno de los principios enunciados al iniciarse ese movimiento, aclaró que . Lo que entonces se puso en marcha fue una revolución nacional, sin el menor contenido marxista [...] En cuanto al movimiento sindical, se consideraba natural que actuara en función de ideologías extrañas y destructoras [...] Desfilaban con la bandera roja y cantaban la Internacional. La nueva política logró el milagro de nacionalizar a los obreros, poner los Sindicatos al servicio de una causa argentina y hacer que la emoción de los trabajadores se centrara en los símbolos de la patria y de las auténticas tradiciones de nuestra historia [...] La llamada pretende saltar sobre el ancho campo de sentimientos y convicciones en que esas multitudes se formaron; pero no hacen sino dar un salto en el vacío. Podrán ganar prosélitos entre las juventudes universitarias [...] Prosperarán acaso ente ciertos alienados de la intelligentzia [...] Es probable que ganen la adhesión de las oligarquías liberales, que también carecen de ataduras éticas y practican la filosofía del materialismo. Pero las masas obreras, que en su inmensa mayoría asimilaron y conservan la doctrina del peronismo, no podrán conciliarse jamás con banderas que derrotaron por retrógadas, ni abdicarán de los emblemas en que adquirieron esa dignidad de vida y ese decoro personal que les niega el comunismo”. (Ibid, pp. 286-289). Atilio García Mellid, como quedó dicho con anterioridad debió exiliarse en el Uruguay por su militancia peronista. Fue allí que escribió en 1957 su obra más difundida: “Proceso al Liberalismo Argentino”’, que dedicó “Al Pueblo de mi Patria” caracterizándolo como “el protagonista auténtico de nuestra historia, porque los doctores liberales lo escarnecieron y menospreciaron, cargándole sus crímenes y apoderándose de sus glorias”. Se vivían momentos de dramática crisis política por la proscripción del peronismo y la derogación por proclama militar (emitida por el gobierno de facto) de la Constitución de 1949. Y García Mellid atacaba esa arbitrariedad hablando del “fetichismo constitucional de los liberales”: “Son los monjes que custodian el templo de los falsos ídolos. Ninguno tan reverenciado como el de la Constitución (de 1853). ¡Ah! cuando un liberal habla de la Constitución parece que se desmaya; pone cara angelical, suspira con el vientre (que es la forma reverencial con que suspiran los liberales) y se abandona a los más dulces deliquios doctrinarios”. Por eso les contestaba con claros conceptos de Juan Manuel de Rosas: “Nunca pude comprender ese fetichismo por el texto de una Constitución, que no se quiere buscar en la vida práctica sino en el gabinete de los doctrinarios. Si tal Constitución no responde a la vida real de un pueblo, será siempre inútil lo que sancione cualquier asamblea o decrete cualquier gobierno”. No conforme con estas observaciones, todo su libro constituye un alegato donde se acusa al liberalismo y a su procerato, con Rivadavia, Sarmiento, Mitre y Echeverría a la cabeza de haber traicionado a la Patria, ligando los intereses de las clases dominantes al imperialismo, en detrimento del pueblo y de la soberanía de la Nación. La obra de García Mellid denunció que ya en los albores de la nacionalidad aparecieron los gérmenes de un plan disolutorio: “correspondió a Rivadavia y sus satélites dar poderoso impulso a esa construcción teórica y advenediza que todavía hoy perturba la vida argentina”, decía. “El Libertador, general don José de San Martín, tuvo la genialidad de descubrirlo y denunciarlo”. Atilio García Mellid luchó denodadamente para invertir esa imagen de “pueblo bárbaro e inculto” y “caudillos tiranos y sanguinarios” que la historia liberal se empeñó en instalar, exaltando por el contrario, la participación del Pueblo y sus caudillos como artífices de la historia y paladines de nuestra nacionalidad. Se constituyó, al decir de Norberto D Atri, en una de las “principales expresiones del revisionismo histórico” (D Atri, Norberto, El Revisionismo histórico. Su historiografía, en: Jauretche, Arturo, Política Nacional y Revisionismo Histórico, Peña Lillo, Buenos Aires, 1959, p. 67), y sabiendo la pléyade de grandes luminarias enroladas en esta corriente de pensamiento, no es poco decir. Hasta aquí fue nuestro homenaje a García Mellíd, intentando acercarles a ustedes su vida, obra y pensamiento. Muchas gracias.