"Si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra Independencia, de nuestra integridad y de nuestro honor, es porque más no hemos podido" - JUAN MANUEL DE ROSAS

sábado, 29 de agosto de 2009

Reportaje al Maestro José María Rosa

Este reportaje fue realizado por la Prof. María Sáenz Quesada al Maestro José María Rosa en 1971. El Tema central es Bartolomé Mitre:

Gentileza del Prof. Julio Otaño


"Cuando empieza a actuar en el año 52 en Buenos Aires, lo va a seguir esa juventud que ha si­do rosista y que se entusiasma­rá con Mitre". Se pregunta Ro­sa, ¿qué nacionalidad tiene Mi­tre? Ha nacido en Buenos Aires, sin duda, pero es hijo de padres montevideanos, venidos a raíz de la invasión y él se siente uruguayo hasta el año 52.
"En todas las cartas que yo co­nozco de Mitre, él habla de "mi Patria" como la República Oriental, hasta Caseros. Más: en cierto momento integra el Go­bierno del Uruguay —cosa que parece nos hemos olvidado—, pues durante el Sitio de Monte­video, en el 45, forma parte de la Asamblea de Notables, que se compone de uruguayos. Y además, defiende Martín García cuando el tratado de Mackau entrega la isla a la Argentina —que habían tomado los fran­ceses y luego transferido a los montevideanos porque los ingle­ses no querían que hubiera con­quistas territoriales—, oportuni­dad en que Mitre escribe unos versos que "La Nación" olvida, donde dice:
"El pabellón de Austerlitz lucía en Martín Gar­cía /
y a su lado relucía del Oriente el pabellón, /
y hoy por el suelo se ven, porque el in­mundo tirano /
los arrancó con su mano ¡gracias, Sr. de Mackau!".
Nosotros tenemos la desgra­cia de que nuestros dos Presi­dentes próceres, uno, Sarmiento, dice que la Patagonia y el Es­trecho de Magallanes son chile­nos; y el otro, Mitre, dice que Martín García es uruguayo".
A juicio de Rosa el único apor­te de Mitre a la Argentina ac­tual es el diario La Nación. "No veo otra cosa". Y agrega: "Mitre para. mí constituye un enigma. «Uno lo analiza como militar y como político y encuentra un hombre que no tiene visión, que no tiene ningún alcance Como militar es algo peor que un mal militar, es un desastre, i Es el único oficial que perdió hasta un desfile! el famoso desfile en la calle Florida que dispuso en "orden oblicuo" y nadie enten­dió nada... Cuando quiso utili­zar el mismo "orden" en la ba­talla de Cepeda salió derrota­do. Porque Mitre es el hombre teórico, de libros, que no ve la realidad. Todas sus campañas son objetables. En la batalla de Pavón donde no diré que triun­fa, es la única en que se cree derrotado y se retira...
Y sin embargo lo apoya una cantidad de gente muy capaz y tiene, si no una popularidad mayoritaria en Buenos Aires, al menos un grupo de cierto valor que cree en Mitre —universitarios, intelectuales— cosa que no me la explico. A no ser que el medio intelectual argentino en el año 80 fuera muy bajo; única explicación posible".
¿Tenía Mitre condiciones es­peciales de caudillo?
"No, responde categóricamen­te Rosa. No se le puede llamar caudillo porque no es un hom­bre de pueblo. La condición que tiene Mitre es un gran optimis­mo; es optimista siempre. Y ade­más es un hombre honesto, aunque en aquella época, (agre­ga nostálgico nuestro entrevista­do) la norma era la honradez. Ese aspecto romántico a lo garibaldino que tenía, lo hacía un poco el ídolo de la juventud, que se dejaba arrastrar algo por el chambergo y la melena, como en el caso de Alfredo Palacios".
"No le veo condiciones porque Mitre es un eterno engañado en política. Lo engañan en la Con­ciliación del 77, lo engañan en la revolución del 80, lo engañan en el 91 cuando el pacto con Ro­ca. Carece pues de viveza políti­ca. Pero debe haber tenido algún carisma ya que hay gente arras­trada por él. Con el tiempo, Mi­tre se convierte en el patriarca de la calle San Martín. Es un hombre respetado sin enemigos a la puerta; se lo llama «Don Bartolo»"...
—¿Ese carisma sería el opti­mismo?
—-sí, la honestidad, el opti­mismo, la vida austera; pero por sobre todo el optimismo: en sus derrotas, Mitre siempre cree que ha triunfado. Únicamente pier­de su optimismo en Pavón, que es la única batalla que gana. Después de Cepeda (1859) sale gritando victoria y manda tocar el himno y aunque está derrota­do consigue hacer algunos pri­sioneros urquicistas que al oírlo en la noche se van a su campa­mento convencidos de que es el campamento de Urquiza.
¿Qué le parece Mitre como historiador?
—En verdad, es el único valor que le reconozco. Es el primero entre nosotros que trae el méto­do histórico, o sea la historia ceñida a documentos, ceñida a la verdad. Especialmente en su libro sobre Belgrano y la inde­pendencia argentina en que es­tudia la época de la emancipa­ción con bastante base docu­mental. Mitre perfecciona pro­gresivamente su método: la primera y la segunda edición de Belgrano son antologías escola­res, no hay documentos; pero tal vez porque lo atacaron —entre ellos Vélez Sársfield— preparó ese repertorio impresionante que después fue el Archivo Mitre. Sin embargo le faltan las condiciones esenciales del historiador, es decir, saber distinguir lo im­portante de lo que no es impor­tante, cosa que le criticaron mucho. Al proceso argentino no lo ve a pesar de tenerlo docu­mentado. Y sobre esto contaría algo muy importante. Mitre fue el iniciador del revisionismo histórico.
—¿Mitre?, exclamamos con asombro.
—Mitre, afirma Rosa. No por que él fuera "revisionista", sino porque el revisionismo histórico es la historia documentada, in­terpretada con sentido argenti­no. Uno de los discípulos de Mi­tre, gran admirador suyo, Adol­fo Saldías, le sugiere continuar la historia argentina que termi­naba en el año 20 con la muerte de Belgrano. El nuevo libro se iba a llamar "Historia de Rosas y la tiranía argentina". Como Mitre, muy ocupado con los prolegómenos de la revolución del 80 no podía realizar la obra, le encarga a Saldías que le es­criba en base de documentos. El joven investigador va a las fuentes y encuentra lo que era Ro­sas. Termina su libro y lo envía a Mitre diciendo, según supone­mos: "Fíjese qué equivocación hemos hecho con Rosas, resulta que Rosas es tan grande como usted". Mitre indignado le con­testaba: "¡Cuidado! El método histórico está muy bien, pero no tanto, porque cuando se estudia una tiranía no hay que olvidar los nobles odios"... Ya no es historiador, ya es el político...
—¿A qué se debe esa postura?
—No la atribuyo a mala fe, sino a que Mitre no sabe dife­renciar entre historiador y político Y como político es un his­toriador, como historiador es un político, como militar es un poe­ta, como poeta es un militar; es una mezcla de muchas cosas...
—¿Hay responsabilidad de Mi­tre en los orígenes de la guerra del Paraguay?
—La responsabilidad absoluta de su comienzo la tiene Mitre y la conducción fue desastrosa. Nos lleva y nos arrastra a la guerra por palabras, nada más. Es un orador, un hombre de fra­ses, que se embriaga con ellas. No le gusta el Paraguay porque es una dictadura; en cambio Brasil es una democracia coro­nada... Algunos años después de empezada la guerra, en 1869, hay una famosa polémica entre Juan Carlos Gómez, uruguayo, y Mitre sobre como se inició. Ahí se ve que ninguno de los dos lo sabe. A don Bartolo lo envolvie­ron políticos de mucha más capacidad que la suya, como era Silva Paranhos —después viz­conde de Río Branco— y mi to­cayo Octaviano de Almeida Rosa, dos grandes diplomáticos. Mitre en cambio es un tonto de una tontería tremenda. Después de la guerra, Brasil saca todo el pro­vecho posible y se constituye en defensor del Paraguay, de lo que resta de ese país, por supuesto con el tácito visto bueno de In­glaterra a la que no interesa el Paraguay destruido. Brasil hace su tratado por separado apar­tándose del de la Triple Alianza y entonces sí casi vamos a una guerra, para la cual no estába­mos en condiciones. Mitre es en­viado por el presidente Sarmien­to a Río de Janeiro en el año 72 para solucionar el problema. Allí sufre un verdadero "Curupaytí diplomático". Esa corres­pondencia de Mitre desde Río de Janeiro demuestra que es completamente ingenuo: está discutiendo con uno de los hom­bres más capaces del Brasil, Jo­sé Antonio Pimenta Bueno, mar­qués de San Vicente, y en sus cartas se ve que Mitre no hace más que "tiradas" en el terreno oratorio para que se lo aplauda.
—¿Qué le parece la actuación de Mitre en el interior del país?
—Su manera de hacer la unión nacional en el 61 después de Pavón me parece nefasta, por­que esa unión no se forma por la unión de todas las provincias con Buenos Aires sino mediante el apoderamiento del interior, claro que con la complicidad de Urquiza que está entregando el partido federal —él se queda en Entre Ríos—. Entonces va el ejército de línea y masacra; la idea de acabar con los criollos, los criollos producían caudillos, y viene esa guerra tremenda que es la página más negra de la historia argentina: la ocupación del interior que provocará el levantamiento del Chacho. Todas esas guerras causan hasta 50.000 muertos. Y ¡fíjese qué curiosa es la historia! Mitre pasa por un hombre bondadoso y es bonda­doso, no me cabe la menor duda.
—¿Podía hacerse la unión nacional de otra forma?
—Sí, como se había hecho en el 59, Mitre pudo haber seguido la unión del 59, no haber llegado a aporteñar todo el interior. Cla­ro que allí estaba Urquiza y yo no estoy muy de acuerdo con el Pacto de San José de Plores porque Urquiza debió dejar que el partido Federal tomara el go­bierno de Buenos Aires donde era mayoría. El mantuvo a los liberales temiendo que viniera un gobernador federal que le hiciera sombra.
La presidencia de Mitre es otro desastre. Después de ella, en la presidencia de Sarmiento, hace la revolución del 74 cuya conducción militar es una cala­midad: es la única revolución de toda la historia del ejército que la pierde el ejército frente a milicias. ¡Y esto le ocurre a Mitre! Porque él se levantó con casi todo el ejército, que era mitrista salvo algunas divisio­nes que quedaron a la expecta­tiva como siempre pasa y des­pués de la derrota de La Verde se pliegan al gobierno.
—¿Qué piensa de la conduc­ción económica de Mitre?
—Nunca entendió de economía según él mismo lo dice.
Casi nos parece innecesario formular al doctor Rosa la últi­ma pregunta del cuestionario : ¿Merece Mitre la jerarquía que tiene entre nuestros proceres?
Desgraciadamente, afirma Rosa, es prócer, pero el antiprócer, el hombre que nos ha hecho muchísimo mal porque su actuación, sin querer ser volun­tariamente antiargentina, perjudicó al país. Hasta último mo­mento, cuando los Pactos de Mayo con Chile en 1902, de­muestra ser un europeizante. Es cierto que estaba muy viejo y no tenía la cabeza bien, pero todo su entourage —La Nación, Emilio Mitre— están con una política que va a ser aplaudida por Roca y Pellegrini: quieren una política de paz que signifi­caba para la Argentina abando­nar a Bolivia y al Perú acaban­do así la política americana. En cambio La Prensa, con Estanis­lao Zeballos, Roque Sáenz Peña e Indalecio Gómez y muchos más pedían una posición más firme. Desde entonces nuestro país miró definitivamente ha­cía Europa sin importarle los asuntos americanos.
Yo creo que Mitre no muere por el apoyo del diario La Na­ción. Pero en realidad no nos ha dejado nada ¿Qué herencia hay de Mitre? No creo que sea una figura para recordar sino como una personalidad menor.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Actividades del Mes de Agosto (2° Parte)

Presentación del libro: "Juan Manuel de Rosas: El maldito de la historia oficial" de Pacho O´Donnell



Presentación del libro: Juan Manuel de Rosas: El maldito de la historia oficial de Pacho O´Donnell, publicado por Grupo Editorial Norma, que se realizará el miércoles 26 de agosto a las 19.30 hs. en el Teatro "Andamio 90", Paraná 660, Buenos Aires.


No es necesario confirmar asistencia.


"Fiesta Federal" con el siguiente programa:

1) Breves palabras sobre el libro de la historiadora Araceli Bellota.

2) Lectura de un verso federal de época a cargo del actor Juan Palomino.

3) Danzas federales ("Expedición al desierto"-huella- y "La Federación, Santa Causa"-escondido-) a cargo del grupo "Santos Amores".

4) "La Vuelta de Obligado"-triunfo- y "El cardal"- escondido-, canción a cargo de Jorge Suligoy.

5) Fragmento de la obra teatral "El sable" de Pacho O´Donnell, a cargo del actor Lito Cruz.

6) Lectura de un verso federal de 1839 a cargo de la actriz María Fiorentino.

7) "Facundo y El Moro" y "Rosas y Encarnación" del CD "Pasiones en la historia argentina" interpretado por Antonio Tarragó Ros y Pacho O´Donnell, sus autores.

La Fiesta contará con una guardia de "Colorados del Monte" con vestimenta y banderas de época.

La coordinación de la Fiesta estará a cargo del director teatral Daniel Marcove.

Homenaje a Manuelita Rosas

Manuelita Rosas
por el Prof. Julio R. Otaño




Nació en Buenos Aires el 24 de mayo de 1817 hija de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra y fue bautizada con los nombres de Manuela Robustiana, ese mismo día, por el doctor José María Terrero. Se educó en la ciudad, en la calle de la Biblioteca (hoy Moreno y Bolívar) pero iba con frecuencia a las estancias de su padre del Pino (o San Martín) y Los Cerrillos. Manuela jugabá con sus primas, vigilada por negras fieles e indias mansas, que era el personal domestico de las familias porteñas. Además se rodeo de amigas que le fueron fieles toda su vida
La «princesa de las pampas» Manuela tenía apenas 18 años, cuando su padre subió al poder por segunda vez. Y desde entonces vivió en compañía suya, hora por hora; cosa que jamás le había acontecido antes de esa época, en que la vida de Rosas cambia completamente en su modo de ser doméstico.
Al fallecer Encarnación, la madre, Manuelita pasó a desempeñar funciones de anfitriona y colaboradora del padre, aunque su papel político fue diferente al cumplido por su madre. «Tampoco es cierto que yo tomase parte alguna oficialmente de asuntos públicos o políticos durante la Administración de mi querido padre, cuando creo, que hice cuanto me fue dado para desempeñarme en los actos privados y sociales con la dignidad que correspondía a nuestra posición.»
Pór su simpatía y bondad conquistó la adhesión de cuantos la trataban y conoció la adulación y el halago interesado. El escenario natural de la vida pública de Manuelita fue Palermo. En esa mansión levantada por el Restaurador sobre terrenos pantanosos y que el convirtió en jardines tuvo Manuelita el marco para sus deberes socialS.
Un enemigo político de su padre el escritor José Mármol la describe así: “el nombre dç Manuela Rosas es ya una propiedad de la historia. Manuela oye a todos; recibe a todos con afabilidad y dulzura. El plebeyo encuentra en ella bondad en las palabras y en el rostro. El hombre de clase halla cortesía, educación y talento. Manuela no es una mujer bella, propiamente hablando; pero su fisonomía es agradable y simpática, con ese sello indefinible, pero elocuente, que estampa sobre el rostro la inteligencia, cuando sus facultades están en acción continua. Su frente no tiene nada de notable, pero la raíz de su cabello castaño oscuro, borda perfectamente en ella, esa curva fina, constante, y bien marcada, que comúnmente distingue a las personas de buena raza y de espíritu. Sus ojos, algo más oscuros que su cabello, son pequeños, límpidos, y constantemente inquietos. Se fija apenas en los objetos, pero se fija con fuerza. Y sus ojos, como su cabeza, parece que estuvieran siempre movidos por el movimiento de sus ideas. El color de su tez es pálido, y muy a menudo con ese
tinte enfermizo de los temperamentos nerviosos. Agregad a esto un figura esbelta; una cintura leve, flexible, y con todos esos movimientos llenos de gracia y voluptuosidad que son peculiares a las hijas del Plata, y tendréis una idea aproximada de Manuela Rosas, hoy a los 33 años de su vida; edad en que una mujer es dos veces mujer”.
José Maria Roxas y Patrón consideraba la idea de consolidar el régimen federal convirtiéndolo en monarquía hereditaria y nombrándola a Manuelita como “Princesa Federal” y legítima heredera. Este proyecto votado unánimemente en la legislatura fue rechazado por el Restaurador.
El óleo de Prilidiano Pueyrredón (y que se conserva en el museo de Bellas Artes) que la retrata de cuerpo entero fue pintado en la segunda mitad de 1851, y le fue obsequiado por un grupo de ciudadanos federales que la agasajaron con un baile.
Ese mismo año fue el de la gloria de Manuelita; gracias a los extranjeros y a la política internacional de Don Juan Manuel los periódicos europeos hablaban de la joven porteña.
Luego de Caseros, Manuelita acompañó a su padre en el destierro y a pocos meses de su llegada a Inglaterra, el 23 de octubre de 1852, contrajo matrimonio con su novio Máximo Terrero, hijo de Juan Nepomuceno Terrero, amigo de Juan Manuel de Rosas. Del matrimonio nacieron dos hijos varones: Manuel Máximo Nepomuceno, nacido el 20 de mayo de 1856, y Rodrigo Tomás, que vino al mundo el 22 de setiembre de 1858. Vivieron en Hampstead, Londres. Ya Señora de Terrero y alejada de la escena pública ocupaba su atención, la contabilidad familiar, el pago de las cuentas, los trámites bancarios y los reclamos por la confiscación totalmente ilegal y arbitraria de su herencia, fueron algunos asuntos claves para ella.
Manuela sentía la responsabilidad de reivindicar la figura paterna, de combatir la historia falaz y arbitraria de los profetas del odio y de que las nuevas generaciones conozcan la verdadera Historia del Restaurador y de la “Confederación Argentina”. Comienza así una nutrida correspondencia con Don Antonino Reyes el leal ex edecán de su padre.
Fue su confidente preferido - ella misma lo llamaba «mi secretario privado y confidencial». Fue por su intermedio que comenzó a escribirle a Saldías - calificado en sus escritos como «Angel protector» -, remitiéndole valiosos materiales para su Historia de la Confederación Argentina, obra pionera del naciente revisionismo histórico.
Nunca le pasó inadvertido, ni en los días de su vejez, el infausto aniversario de Caseros. El 3 de febrero de 1892 le manifiesta a Reyes: “Te escribo en este día, aniversario de tanta fatalidad para nosotros. Quien todo lo dispone, así lo quiso, sigamos sometidos a su divina voluntad. Se cumplen hoy 41 años, iOh Reyesi Y estamos hoy mejor que entonces? “.“Yo Reyes, nací para sufrir por todos y con todos. Mi carácter nunca fue propicio a mi felicidad”.
Poco después y ya en Londres, le entregará a Adolfo Saldías el archivo completo de su padre. Su último aporte a los argentinos, fue la donación del sable que el general José de San Martín le había legado a Don Juan Manuel en su testamento.
Se ha dicho que Manuelita volvió a Buenos Aires en 1886, temporalmente. No fue así. Nunca regresó a su adorada patria.
Manuelita falleció en la capital británica el 17 de septiembre de
1898.

Bibliografía:
• Manuelita Rosas y Antonino Reyes “El olvidado epistolario”
• Mármol, José “Amalia”
• Sáenz Quesada, María “Mujeres de Rosas”
• Sánchez Zinny, E. F. “Manuelita de Rosas y Ezcurra”

159° Aniversario del paso a la Inmortalidad del Libertador, Gral. don José de San Martín -Presente-

Con motivo del 159° Aniversario del fallececimiento del "Padre de la Patria", y en representación de todos aquellos que contribuyen con éste espacio de difusión, es que publicamos el siguiente documento, gentileza de "La Gazeta Federal".
No es otra cosa que el Testamento del Gral. San Martín. En el Art. 3ro de dicho documento, San Martín "lega" su Sable Libertador -aquel que lo acompañó en toda la campaña emancipadora- al Brigadier General don Juan Manuel de Rosas.
Éste acto de nobleza no es otra cosa que el "más importante reconocimiento" que El Restaurador de las Leyes recibiera en su vida, como bien él mismo lo apuntara más adelante.
Creo más que necesario transmitir este documento. Creo, asimismo, que por una cuestión "cronológica" éste el momento adecuado...



TESTAMENTO DEL LIBERTADOR SAN MARTÍN



En el nombre de Dios Todopoderoso, a quien reconozco como Hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile y Brigadier General de la Confederación Argentina que, visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente testamento lo siguiente:

1°. Dejo por mi absoluta heredera de mis bienes habidos y por haber, a mi única hija, Mercedes de San Martín, actualmente casada con Mariano Balcarce.

2°. Es mi expresa voluntad el que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales y, a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de doscientos cincuenta hasta su muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que en confianza, la que me asiste, de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente ésta, mi voluntad.

3°. El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla.

4°. Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral y, desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

5°. Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

6°. Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz, y le ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón), si es que, a su vez, quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido. Igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

7°. Todo otro testamento o disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.Hecho en París, a veintitrés días de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro y escrito, todo él, de mi puño y letra. José de San Martín

ARTÍCULO ADICIONAL:Es mi voluntad el que el estandarte que el bravo español Don Francisco Pizarro tremoló en la conquista del Perú, sea devuelto a esta república (a pesar de ser una propiedad mía), siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso.José de San MartínEs copia del original, que queda depositado en el archivo de esta Legación. París, 28 de septiembre de 1850. – Mariano Balcarce.

Nota:Este texto está ajustado a la normativa lingüística actual para facilitar la lectura del manuscrito original.

- Gentileza de la Fundación Ramón Carrillo
- La Gazeta Federal http://www.lagazeta.com.ar/

viernes, 7 de agosto de 2009

Actividades del mes de Agosto de 2009

Actividades a desarrollarse en el
Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas
Montevideo 641, Capital Federal



La COMISIÓN PERMANENTE DE HOMENAJE A JUAN FACUNDO QUIROGA realizará las siguientes actividades:
“XLVIII Seminario dedicado a los Caudillos Federales: Simbolismo, mística y religión”


Miércoles 12 de agosto 19,30 hs
"Filosofía y religión en la época de Rosas" por la Dra. Celina Lértora Mendoza

Jueves 13 de agosto 19,30 hs.
"Simbolismo y mística en los Caudillos" por el Lic. Nicolás Carrizo


- Entrada libre y gratuita –
Se entrega certificado de asistencia
Montevideo 641 Capital Federal
institutorosas@cultura.gov.ar / comisionfacundoquiroga@gmail.com / restaurandolasleyes@gmail.com

viernes, 17 de julio de 2009

Rosas y los Derechos Existenciales

¿RESPETÓ ROSAS LOS DERECHOS EXISTENCIALES?
por Sandro Olaza Pallero


“Las circunstancias
durante los años de mi administración
fueron siempre extraordinarias,
y no es justo que durante ellas se me juzgue
como en tiempos tranquilos y serenos.”

Juan Manuel de Rosas

1. Introducción

En diciembre de 1829, cuando Rosas asumió por primera vez el gobierno de la provincia de Buenos Aires, algunas de las 13 provincias habían sancionado ya constituciones “escritas”, lo que revela que ese proceso tenía vida incipiente en nuestro país aun cuando todavía no se había impuesto en el mundo.
Siempre fue partidario de dar legitimidad a sus nombramientos como gobernador, y si en 1835 exigirá un plebiscito, en 1829 será designado por convocatoria de la Legislatura disuelta por el “golpe” de Lavalle, que entonces “restaura” la ley (1). Era de ideas federales por su desprecio a los unitarios más que por aceptar los principios exitosamente utilizados en el norte de América. Por otra parte, jamás fue partidario de puebladas ni desórdenes, salvo las que él mismo organizaría y controlaría, como lo expresase en una proclama anterior a su primer gobierno: “¡Odio eterno a los tumultos, amor al orden, fidelidad a los juramentos, obediencia a las autoridades constituidas!”. En 1835 el asesinato de Quiroga conmociona al país entero y Rosas vuelve al gobierno después de asegurarse el ejercicio de la suma del poder mediante un plebiscito. Durante su larga gestión establecerá una fórmula pragmática, sin normas escritas, que probablemente es la máxima concesión que puede hacer Buenos Aires, en ese entonces, a las exigencias del resto del país (2). Las provincias aspiraban a constituir un Estado nacional que les permitiera una razonable participación en las rentas generales; y a que se estableciera una política económica defensora de sus producciones (3). Se escribió y se enseñó una “historia” que se resumía en la independencia de España para dictar una constitución y luchar cuarenta años contra los tiranos para lograrla (4). Tal vez ninguna prueba sea más elocuente de la obra constitucional del Restaurador que el Pacto Federal de 1831.
Los detractores de los caudillos han dicho que sus gobiernos significaban la barbarie (5).
Si precisamos qué es “barbarie”, nos encontramos con que eran bárbaros porque eran obstinadamente argentinos. En origen, “bárbaro” significaba foráneo, extranjero, parlante de una lengua extraña.
Los idiomas no helénicos sonaban a los griegos como barboteos de palabras incoherentes, de sonidos repetidos: “bar-bar”; y denominaron “barbaroi” a quienes no hablaban griego (6).
Es importante que no nos olvidemos que la palabra “civilización” viene de civis, ciudad. Civilizados son entonces los que defienden esa ciudad. Y bárbaros los extranjeros que la atacan. A partir de esta premisa, consideraremos argentino a quien defiende su terruño y bárbaro a aquel que lo combate (7).

2. Rosas y la incorporación de los sectores populares:
el gaucho, el indio, el negro.










“La Barbarie, siendo gaucha, y puesto que iba a caballo, era más argentina, era más nuestra”, afirmó Ricardo Rojas en el año 1909.
El secreto del “vigor gigantesco de su poder actual”, no es otro que su representatividad: el ser la expresión de su pueblo –decía Alberdi- en el estado actual de su desarrollo.
José Hernández, que vivió el ocaso del gobierno de Rosas, hace que su Martín Fierro evoque con nostalgia aquel tiempo: (…) Yo he conocido esta tierra/ en que el paisano vivía,/ y su ranchito tenía/ y sus hijos y su mujer…/ Era una delicia el ver/ cómo pasaba los días (8).
La Constitución sancionada por el Congreso General Constituyente de 1824-1827, bajo el gobierno de Rivadavia, excluía como ciudadanos: “el domestico a sueldo, jornalero, soldado, notoriamente vago o legalmente procesado en causa criminal en que pueda resultarle pena aflictiva o infamante.”
Por ese entonces, Dorrego exclamó: “Hay en la campaña apenas hombres que sepan escribir. ¿Más por eso se les ha de excluir de este derecho?” Rosas si no formó el alma criolla, es indudable que la conservó, la encauzó y la enriqueció (9). A diferencia de otros políticos, Rosas tenía sensibilidad por los marginales, como se evidencia en la correspondencia que en 1833, en plena Campaña del Desierto, mantenía con su mujer Encarnación, que le cuidaba las espaldas en Buenos Aires: “Ya has visto lo que vale la amistad de los pobres y por ello cuánto importa sostenerla y no perder medios para atraer y cautivar voluntades. Digo lo mismo respecto a las madres y mujeres de los pardos y morenos que son fieles.”
¿Cómo es esta sociedad creada por él? Ante todo es una sociedad democrática. En efecto, al negro Macedonio Barbarin, nacido en Africa, lo hace sargento mayor y luego coronel.
Nunca se demostró que Rosas tuviese esclavos africanos en sus haciendas, como divulgarán sus detractores que entonces y ahora se esfuerzan por caracterizarlo como un depravado sangriento sin tener en cuenta los condicionantes personales, políticos y socioeconómicos de su gobierno (10).
Los hechos demuestran que el tipo de su gobierno se adelantó a las “ideas del siglo”.
O sea, en palabras actuales, había sido un gobernante progresista y popular (11).
Rosas respetaba a los negros, y una mujer de esa etnia, Gregoria, fue distinguida,, hecho excepcional en una sociedad rígida y discriminatoria, como madrina de uno de sus hijos, fallecido al poco tiempo de nacer (12).
El unitarismo consideraba al Partido Federal como la rebelión de las masas y lo combatían en nombre de “los principios” y la “gente decente”. El gobernador regularmente asistía a los “candombes” de los negros y no era infrecuente verlo bailar con alguna negra. Después de Caseros –afirma Gálvez- “en el campo se acabó la felicidad. Los gauchos, por haberle sido fieles, son maltratados y perseguidos por las nuevas autoridades” (13). En el cuadro social de la época, los indígenas ocupaban un lugar importante en la política rosista.
Ante una epidemia de viruela que diezmaba a las poblaciones indígenas, y considerando estos últimos a la vacuna como un gualicho, Rosas tuvo que acudir a un procedimiento para que los indios aceptaran el medicamento. En presencia de varios caciques importantes mostró la herida y la protuberancia consiguiente, desnudando su brazo y exhibiéndolo ante ellos. Después de comprobar que el mismo Rosas se sometía a la vacuna recién entonces consintieron (14). Cuando en 1835 Rosas llega por segunda vez al gobierno y con la suma del poder, los indios pampas de regreso a los pagos de Azul y Tapalquén festejaron el nombramiento.

3.Rosas y la libertad religiosa

En 1827 la comunidad inglesa solicita la donación de un pedazo de tierra para la edificación de una iglesia (15).
El templo anglicano de San Juan Bautista fue comenzado el 5 de mayo de 1830 y terminado un año y un día después, en un bello estilo griego, el ùnico de ese estilo entonces en la ciudad.
Mac Cann dice que costó casi cuatro mil libras, de las que la mitad fueron aporte oficial del gobierno de Rosas y la mitad de la congregación local. En el templo solían darse conciertos que eran anunciados en “La Gaceta Mercantil” y “The British Packet”; asistía lo mejor de la sociedad porteña, inclusive miembros de la familia del Restaurador, algunas de cuyas niñas se casaron con súbditos británicos (16). También la colectividad escocesa comienza la construcción de otro templo bajo la advocación de San Andrés, demolido en 1893. Según el periódico “Nacional” (1841): “En la ciudad y la campaña habitan 16.500 ingleses, 4.000 norteamericanos y 2.300 escoceses. Entre los ingleses se destacan: Harrat, Sheridan, Thwaites, Hannah, Stergman y Looyd Halsey” (17).
Recordemos que con motivo de la usurpación británica de las islas Malvinas producida en 1833, se creó una situación difícil en las relaciones argentinas con Inglaterra.
Muchos federales, enojados por la ofensa a la soberanía nacional, solicitaron la derogación del tratado de amistad con Gran Bretaña de 1825, idea que no disgustó a Rosas aunque luego desechó.
En tiempos del bloqueo francés (1838-1840), y a pesar de su política neutral formal, gestionó Inglaterra la terminación del conflicto en defensa de sus intereses comerciales (18). La inauguración del templo escocés se efectuó el 2 de mayo de 1833, a dos semanas de la asunción del mando por parte de Rosas. El gobernador mediante algunas concesiones extraordinarias al comercio y a los residentes ingleses, consiguió atraer a su partido a toda la colectividad británica de ambas márgenes del Plata, como asimismo a la opinión pública del Reino Unido (19).
La inauguración de la iglesia presbiteriana escocesa fue aprovechada para presentarla como una demostración de libertad, y entre los presentes estaban nada menos que Felipe Arana, Tomás Guido, Angel Pacheco y Manuel García, que pronunció un discurso, quien recordó que había sido uno de los firmantes del tratado de 1825 y declaró que “en este país el hombre puede adorar a su Dios con la misma libertad con que puede elevar sus ojos al cielo.”
El religioso norteamericano Juan Dempster proseguía con bastantes dificultades el trabajo en la Iglesia Metodista, debido a lo reducido del grupo, por lo cual volvió a Estados Unidos en 1842.
El 8 de enero de 1843 se inaugura la primera capilla metodista de Sudamérica.
En cierta ocasión, se entonó el oratorio “La Creación” de Haydn. Entre la concurrencia estaba Manuelita Rosas, su tía, esposa del general Mansilla y los cónsules de Francia y Cerdeña (20). La comunidad británica siempre fue partidaria del Restaurador.
Hudson dice: “Entre sus admiradores figuraban la mayor parte de los ingleses residentes en el país. Mi padre pertenecía a ese número.”
Lo considera a su padre un “admirador ferviente de Rosas un rosista crudo, como se llamaba a sus partidarios.” En su campo tiene en la sala un retrato de Rosas, y al hijo le ha enseñado que es “el hombre más grande del país” (21). Un sacerdote irlandés, Antonio Fahy, que ha recorrido la campaña rancho por rancho y es una especie de santo, publica por esos días una carta defendiendo a Rosas de los ataques que le ha hecho una revista de Dublin. Declara que lo hace por obligaciòn de conciencia y por agradecimiento al país (22).

4. Rosas y el terror

El terror fue preconizado por igual por federales y unitarios, como instrumento necesario para asegurar la victoria de la propia causa.
En efecto, la revolución que acabó con el gobierno de Dorrego (1828), preconiza el terror matando a varios millares de gauchos. Del Carril aconseja a Lavalle en su carta del 20 de diciembre: “...Si usted pudiera...dar la mano a todos los paisanos y rascarles la espalda con el lomo del cuchillo, haría usted una gran cosa...” (23).
Los oficiales unitarios Estomba y Rauch se destacan en las crueles represiones, y sus víctimas se acercan al millar. Con razón afirma Montezanti: “El terrorismo está indisolublemente unido al poder, salvo supuestos teratológicos –psicológicos o sociales- ...Está ligado en cuanto se lo utiliza, ora para asaltar el poder y apoderarse de él, ora para defenderlo desde él mismo” (24).
“En este caso –sigue diciendo Montezanti- el terrorismo puede ser usado institucionalmente echando mano de los organismos estables del Estado, como la Policía y la Justicia...”
“Es preciso emplear el terror para triunfar en la guerra. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos.”
Este implacable programa de acción fue adoptado en 1840 por la denominada “Comisión Argentina”, organizada en Chile para combatir contra Rosas, por Domingo Faustino Sarmiento, Juan Gregorio Las Heras, José Calle, Domingo Oro y otros emigrados. Marco M. Avellaneda será decapitado en Tucumán el 3 de octubre de 1841, según lo explica Oribe a Rosas, por ser “cómplice y uno de los promotores del horrible asesinato perpetrado en la persona del Excmo. Señor general don Alejandro Heredia, además de otros muchos crímenes.” Rivera Indarte, en sus “Tablas de Sangre”, consiguió millares de muertes como asesinatos, atribuyéndolos a Rosas. Esta obra constituye un relato grotesco de este periodista, quien años atrás ensalzara a Rosas y ahora es su injuriador. Hasta hoy perdura la influencia del monumento de infamias que son las “Tablas de Sangre” (25).
La dictadura de Rosas es meramente política y no autoritaria, y se destaca de otras dictaduras americanas en que fue creada antes de ser nombrado Rosas gobernador (26).
El caso de Camila O’Gorman se presta para la nota lacrimosa sobre los horrores de la tiranía de Rosas (27).
Es un caso verdadero, exactísimo; pero no fue un hecho político, sino de dura y estricta aplicación de la ley vigente: las Partidas. Rosas aplicó la pena capital mencionada en dicha legislación.
Rosas asumió la plena responsabilidad de la completa responsabilidad de sus actos de gobierno (28). Muchos años después afirmó: “Mientras presidí el gobierno de Buenos Aires con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores como de mis aciertos” (06-03-77).

5. Rosas y la participación de las mujeres






Rosas fue el primer político que dio participación activa a la mujer (29), y naturalmente, nunca se ha negado, en la historiografía argentina, la influencia femenina.
“¡Inmensa popularidad la de Rosas!” –nos dice Gálvez- y más adelante agrega: “Las mujeres son tan entusiastas por Rosas, acaso por razón de su extraña belleza y de su enérgico carácter, como los más fieles federales” (30).
Durante el siglo XIX, las mujeres se destacaron en la política y asuntos públicos, trabajando en general con los hombres de la familia o para ellos, como en el caso de doña Encarnación Escurra a favor de su marido, Juan Manuel de Rosas. Encarnación va a tener papel destacado en la llamada Revolución de los Restauradores (1833).
Mientras Rosas realiza su Campaña al Desierto, su mujer lo mantiene al tanto de los sucesos en la capital (31).
Los acontecimientos y la ausencia de Rosas lo han convertido en un caudillo. Sin duda Encarnación tiene aptitudes para la política (32).
La hija de Rosas, Manuelita, también será un apoyo fundamental para su padre (33). Haría de primera dama y desempeñó tareas de seducción en beneficio de estrategias de su padre. Así lo hizo con los embajadores Mandeville y barón Howden (34). Encarnación Escurra, también comprendía a los sectores populares, asimismo transcurrió los primeros años de su matrimonio en las estancias de su marido. Cabe destacar que durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas, surgió la primera periodista argentina.
Su nombre era Petrona Rosende de Sierra, fundó y dirigió “La Aljaba. Dedicada al bello sexo Argentino”, periódico que principió el 16 de noviembre de 1830 y finalizó el 4 de enero de 1831.
La educación femenina, la religión, la felicidad de las damas dentro de la órbita del deber, el auspicio de la beneficencia eran sus objetivos inmediatos (35). En el mismo año de 1830, la opinión femenina, o atribuida a la mujer, tuvo en la capital otras manifestaciones.
Por ejemplo en “La Gaceta” (jueves 29 de julio), donde aparece el personaje de “Casiana, la modista”, con aparente ingenuidad y oculta intención política (36).
El historiador Carlos Correa Luna sostuvo la opinión de que la mujer de Rosas tomó parte activa en la política antes de que los sucesos de 1833 revelaran sus condiciones extraordinarias para la movilización de las masas.
Hay otras mujeres destacadas en el grupo federal: además de la Pepa Escurra (hermana de Encarnación), está la mujer de Garretón, y la señora de Manuel Corvalán (37).


6. Conclusiones


La sociedad rosista fue democrática, analizando los tiempos y mentalidad de la época.
La separación entre las clases ha alcanzado el mínimo posible. En ciertas fiestas, damas de alcurnia alternan con personas de la clase media y del pueblo.
La objetividad consiste en estudiar el tema histórico sin prejuicios, con el anhelo de encontrar la verdad.
Rosas establece la igualdad, toda la igualdad posible. Y no cabe duda de que Rosas gobierna con el pueblo y lo representa.

Notas

1) Precedentes de las “facultades extraordinarias” concedidas a Rosas serán las “facultades omnímodas” otorgadas al gobernador Ramos Mexía en 1820, aunque limitadas en su reglamento; las “amplias facultades” que se dieron al gobernador Martín Rodríguez en el mismo año; y las facultades extraordinarias dadas al gobernador Viamonte en 1829.
2) FELIX LUNA, Buenos Aires y el país, Círculo de Lectores, Bs. As., 1984, p. 78.
3) Ídem.
4) JOSE MARIA ROSA, El revisionismo responde, Pampa y Cielo, Bs. As., 1964, p. 15.
5) Ídem., p. 28.
6) ANTONIO PEREZ AMUCHASTEGUI, Crónica histórica argentina, Codex, T. IV, Bs. As., 1979, p. LXXXIX.
7) JOSE MARIA ROSA, La historia de nuestro pueblo, Video, Bs. As., T. I, p. 2.
8) ¿Pero quién es y qué es Martín Fierro? Fierro es ante todo y sobre todo un símbolo argentino. Es un superego multitudinario. Si el Cid Campeador o Don Quijote representan “de algún modo” al español, Martín Fierro es el pueblo (SALVADOR FERLA, Historia argentina con drama y humor, Granica, Buenos Aires, 1975, p. 316).
9) Rosas tenía un estrecho contacto con la clase popular: los gauchos, que constituían su peonada, como así también con los indios, vendedores ambulantes, desertores, cuatreros, etc., que habitaban los alrededores (PACHO O’DONNELL, Juan Manuel de Rosas. El maldito de nuestra historia oficial, Planeta, Buenos Aires, 2001, p. 57).
10) Ídem., p. 100.
11) JOSE MARIA ROSA, El revisionismo...p. 160.
12) PACHO O’DONNELL, op. cit., p. 100.
13) MANUEL GALVEZ, Vida de Juan Manuel de Rosas, Edit. Heliasta S.R.L., Bs. As., 1991, p. 522.
14) JORGE O. SULE, Rosas y la problemática del indio, Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires, 1996, p. 59.
15) El 19 de febrero de 1825 se firmó en Buenos Aires el tratado de amistad y comercio con Gran Bretaña, por el cual de hecho esta nación reconocía nuestra independencia. El artículo 12 disponía cierto grado de libertad religiosa para los súbditos ingleses y curiosamente fue el más comentado y también el más resistido en ciertas zonas del interior.
16) ARNOLDO CANCLINI, Génesis y significado de los primeros grupos protestantes en Buenos Aires, en VI Congreso Internacional de Historia de América, Academia Nacional de la Historia, Bs. As., 1982, T. VI, p. 43.
17) ANTONIO PEREZ AMUCHASTEGUI, op. cit., T. III, p. 262.
18) Ibídem, p. LX.
19) Ibídem.
20) ARNOLDO CANCLINI, op. cit., p. 46.
21) MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 500.
22) Ibídem.
23) En 1883 el historiador Adolfo Carranza publicaba las desconocidas cartas de Salvador María del Carril y Juan cruz Varela a Lavalle, aconsejándole la “fusilación” del gobernador Dorrego. Años antes de morir, Juan Manuel de Rosas hace referencia a otra carta de Julián Segundo de Agüero, cuyo texto no fue publicado por Carranza ni se encuentra entre los papeles de Lavalle.
24) NESTOR LUIS MONTEZANTI, Rosas y el terror, Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas N° 43, Bs. As., 1996, p. 22.
25) Rivera Indarte posee tanto talento periodístico como falta de escrúpulos para calumniar. Este escritor, que años atrás robara la corona de la Virgen de las Mercedes, que fuera expulsado de la Universidad por ladrón de libros; hombre de costumbres sospechosas e hipócrita redomado, carece en absoluto de autoridad (MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 424).
26) Ibídem., p. 444.
27) JOSE MARIA ROSA, El revisionismo..., p. 89.
28) En 1873 el exiliado Restaurador se descarga afirmando: “Si he cometido errores –no hay hombre que no los cometa- sólo yo soy responsable. Pero el reproche de no haber dado al país una constitución, me pareció siempre fútil porque no basta dictar un cuadernito, como decía Quiroga, para que se aplique y resuelva todas las dificultades: es preciso antes preparar al pueblo para ello, creando hábitos de orden y gobierno, porque una constitución no debe ser el producto de un iluso sino el reflejo exacto de la situación de un país.”
29) En las jornadas previas a la Revolución de los restauradores, se despierta la pasión política que estaba escondida en doña Encarnación, aumentada por el contagio de la pasión de todos que brota en cada hogar de la ciudad. Desde junio de 1833 ella es el jefe de los federales netos. No consiente “el orgullo y la desfachatez insufrible” de sus enemigos.
30) MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 243.
31) MARIA SAENZ QUESADA, Mujeres de Rosas, Edit. Planeta, Bs. As., 1991, p. 73.
32) MANUEL GALVEZ, op. cit., p. 204.
33) MARIA SAENZ QUESADA, op. cit., p. 122.
34) PACHO O’DONNELL, op. cit., 235.
35) OLGA FERNANDEZ LATOUR DE BOTAS, Periódicos femeninos de Buenos Aires. Contribución a su estudio, en VI Congreso Internacional de Historia de América, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, T. VI, p. 136.
36) Ibídem.
37)MARIA SAENZ QUESADA, op. cit., p. 78.

Fuente

Revista Persona.Revista Electrónica de Derechos Existenciales n° 4, Abril 2002, http://www.revistapersona.com.ar/

sábado, 4 de julio de 2009

Algunas Opiniones sobre el Restaurador...


Algunas opiniones sobre don Juan Manuel de Rosas

Gentileza de Julio Otaño

DON JUAN MANUEL DE ROSAS (1793-1877)


ROSAS, FRENTE A LAS PASIONES Por Félix Luna
Frente a la tesis antirrosista de los liberales y la tesis rosista de los nacionalistas, tenía que surgir una síntesis que afirmara lo positivo de uno y otro término. Ahora empezamos a ver a Rosas como un protagonista normal de nuestro pasado, como un gobernante que vivió tiempos duros, orilló grandes peligros con habilidad e imaginación y dejó cosas positivas para el país; Es que resulta muy difícil hacer un juicio global del Restaurador: ¿podemos juzgar a un hombre del pasado a través de criterios actuales? ¿podemos establecer el respeto que se tenía por la vida humana en esas décadas tremendas con nuestra sensibilidad de hoy? ¿Es posible entender el peligro de una disgregación nacional, hoy que tales peligros parecen impensables?. Hasta hace poco tiempo, juzgar a Rosas con benevolencia significaba, para determinados sectores liberales o marxistas aprobar el autoritarismo político, el menoscabo de la libertad, el desprecio por la vida y la dignidad del hombre. Del otro lado y contemporáneamente, enjuiciar a Rosas con severidad convertía automáticamente a quienes lo hicieran en "cipayos", "vendepatrias" y socios póstumos de aquellos argentinos que en su odio antirrosista se aliaron con los imperialismos extranjeros. En la Historia, como en la vida, nada se pierde. Rosas con su dureza, su astucia, su intransigente patriotismo, sirvió a la causa nacional. Sus adversarios, con todos los pecados y errores que se les puede achacar, aportaron algunas de las respuestas que el país exigía y que Rosas no supo darle. Entender esto significa excluir los extremismos de todo signo, para ofrecer al país las proposiciones mas positivas y trascendentes de todos los que han tenido que ver con su destino

ROSAS Y SU POLÍTICA INTEGRADORA Por Arturo Jauretche
Existe una maniobra de la historiografía oficial (liberal) que consiste en enfrentar a Rosas con sus seguidores del interior del país a mérito de un supuesto unitarismo disfrazado de rojo.. Rosas tenderá a frenar los efectos destructivos que para el interior tiene la competencia de la manufactura importada asegurando el mercado para el artesanado del interior, y sobre él la posibilidad del propio desarrollo industrial a medida que la técnica se incorpore y a eso corresponde la Ley De Aduanas. Y como no atribuye una misión providencial a los "Apóstoles del libre cambio" los ve como agentes de comercio. Así defenderá las rutas interiores y entre las primeras los ríos, llaves maestras de la época, porque es a la Nación que él dirige corresponde regular la exportación y la importación y no a las supuestas leyes económicas con que se enmascara la política imperial. La defensa de la soberanía, su resistencia a Francia e Inglaterra, así como sus relaciones con los países disgregados del tronco común tienden a unificar esa política del sistema americano, ya que no le es posible cubrir los desgarramientos producidos conscientes y deliberadamente por los unitarios que quisieron reducir el país a la pampa húmeda.

EL PLEBISCITO DE 1835: TIRANÍA O DICTADURA Por Manuel Gálvez
El plebiscito (consulta al pueblo) requerido por Rosas para asumir la SUMA DEL PODER ERA de carácter muy amplio. No sólo debería votar "la parte más sana y principal de la población"como en 1810 sino "todos y cada uno de los habitantes de la ciudad, de cualquier clase y condición que fuesen, expresen su voto`precisa y categóricamente sobre el particular" Así votaron todos los que quisieron un sufragio amplio, donde pudieron dar su opinión hasta los extranjeros domiciliados aquí, excluyéndose a la mujer, los esclavos, los niños y los extranjeros sin domicilio. Votó todo "hombre libre mayor de 20 años o menor emancipado" en un momento donde en ningún país del mundo existía una legislación así. El resultado fue aplastante: a favor de Rosas, 9720 votos. En contra 8. El 99% del electorado estuvo por la concesión de todo el poder. La Legislatura así lo ratificó. ¿Es esto una TIRANÍA? Como durante mucho tiempo se sostuvo: Los griegos, quienes crearon el término encuentran 3 elementos típicos de la tiranía: la ayuda del extranjero para subir al poder; la presión tributaria para oprimir a sus súbditos y atacar sus propiedades y finalmente la ganancia personal, el lucro, como última finalidad. No SE DAN NINGUNA DE ESTAS CARACTERÍSTICAS, NI APARECIERON EN EL EJERCICIO DEL PODER POR PARTE DEL NUEVO GOBERNADOR FEDERAL. Los romanos creadores del derecho público habían instituido la DICTADURA en caso de peligros internos o externos, asumiendo el "Dictador" todos los poderes, absolviéndosele de rendir cuentas al cabo de su gestión......

ROSAS, UN PERSONAJE INDEFENDIBLE Por B. González Arrili
Los rosistas buscan y rebuscan documentos que puedan servir para un intento de reivindicación. Los documentos no sirven para nada... Pero los papeles de Rosas no podrán jamás librarlo de los cargos concretos que le ha formulado la historia liberal:
Fue un mal hijo: Insultó a su madre, faltó el respeto a su padre, transformó y mutiló su apellido; Fue un mal padre: No dio importancia a su hijo varón y a su hija Manuela le amargó su juventud por puro egoísmo; Fue un mal patriota: No participó en las luchas de la independencia ni en la guerra con el Brasil; Fue un cobarde: Mandó a sus generales a luchar, fue un ladrón: ya lo demostraré en poco tiempo; fue un canalla; fue un farsante; Los unitarios hicieron la Unidad argentina; Como hombre fue despreciable y como mandatario un tirano execrable. Basta de documentos, la historia ya fue escrita y no debe ser revisada y muchos menos para reivindicar a un ser miserable como Juan Manuel de Rosas.

ROSAS Por Fermín Chávez
A mi juicio la humanización de la figura de Rosas, es algo más que el fruto de una tarea cultural tendiente a derretir el mito liberal. Quien no entienda que la primera batalla entre la patria rioplatense y las fuerzas coloniales se libra entre San Martín Y Rivadavia, no podrá entender nada de lo que sucede en el país a partir de 1815, hasta el clamoroso advenimiento de Rosas, al galope de los colorados del monte, que eran la tierra enardecida. El sable de San Martín se desenvainó contra Rivadavia antes que en San Lorenzo y su destino final no fue la mano de ningún prócer "educado", sino la del Jefe gaucho que afirmó la conciencia nacional en la Vuelta de Obligado. Cuando leo las páginas más recalcitrantes de la literatura antirrosista (como Echeverría y Sarmiento), termino pensando que no pudieron equivocarse tan feo dos grandes y queridos hombres de la patria: José de San Martín Y Tomás Guido, quienes no titubearon jamás en hacer suyas la causa y las banderas de la Confederación.

ROSAS, EL GOBERNANTE Y EL HOMBRE Por Luis Soler Cañas
Como hombre, Rosas pudo tener defectos y cometer errores. Desde luego hay mucha leyenda en todo esto. Pero como gobernante, examinando fríamente los hechos, cabe reconocer que ha sido una de las más grandes figuras de nuestra historia. Autor de la Unidad Nacional, defensor de la soberanía, propulsor de la independencia económica, celoso custodio del honor y el espíritu argentinos, servidor del orden, amigo de las masas proletarias, administrador honestísimo, guardián de la paz con los indios, asombra todo lo que en favor del país (no de Buenos Aires ni de una clase social) realizó en un tiempo de grandes pasiones civiles, apetitos imperialistas, bloqueos extranjeros y guerras y rapiñas contra la Confederación Argentina. Amenazado el país por los cuatro costados, Rosas se multiplicó y con la adhesión fervorosa de su pueblo hizo verdaderos milagros. Sin embargo, no debemos caer en el endiosamiento rosista, no lo deshumanicemos como se ha querido hacer y en parte se logró con San Martín, hombre y guerrero admirable, pero no un santo.

LA GRANDEZA DE ROSAS Por Julio Irazusta
La historiografía liberal juzga su personalidad por los bufones que tuvo, o por sus hábitos gauchescos, o por su literatura. Todos esos aspectos deben ser considerados en su historia. Pero específicamente nada tienen que ver con la política, donde se debe radicar el juicio de un estadista. Juzgar a Rosas por aquellos detalles de su vida es como juzgar a Luis IV por sus amantes, o a Isabel de Inglaterra por su promiscuidad o a Victoria por su germanismo sentimental o a Federico el Grande por sus versos franceses.La obra de Rosas es política y debe ser juzgada políticamente. Fue el primer organizador de la Nación. No la organizó por medio de un congreso constituyente, procedimiento que había fracasado reiteradamente en el país sino por el método tradicional que había presidido la formación de las grandes comunidades nacionales de Europa, como Francia y España y que presidiría los procesos unificadores de Italia y Alemania inmediatamente después de la caída de Rosas. Este método consistía en nuclear, alrededor del Estado provincial más vigoroso y privilegiado, las provincias pertenecientes a la región unida por lazos geográficos, raciales, históricos y políticos que la destinaban a ser una nación. La POLÍTICA INTERNACIONAL DE ROSAS, LO MÁS IMPORTANTE DE SU ACCIÓN ES DIFÍCIL DE RESUMIR. Sus objetivos eran unificar el país, pero no en sus actuales fronteras, sino en las del antiguo virreinato del río de la Plata, menos las partes a que el país había renunciado solemnemente, Hacer respetar la soberanía por todos los estados, pequeños o grandes, hasta usar la fuerza si era necesario para ello. Recibir liberalmente a la inmigración extranjera como convenía a un país escasamente poblado. Pero sustraerla de la influencia de sus países de origen y nacionalizarla automáticamente al cabo de tres años de residencia. Los otros aspectos de su gestión: el administrador probo re infatigable, el celoso vigilante del bienestar colectivo, el amigo del pueblo, configuran a un gran político. Pero indudablemente su aspecto superlativo es su acción internacional de 20 años, sin la cual no se podría concebir la existencia de la República Argentina en su actual contorno territorial y que lo presenta como a uno de los grandes estadistas de América. Para que esa grandeza se apreciara como es debido sólo faltó que la escuela diplomática fundada por él tuviera discípulos, mientras sus vencedores estaban empeñados en demoler su obra.